Nueva Zelanda

Cazando sobre una pintura

Fue el secreto mejor guardado de los indígenas tangata whenua cuando llegaron desde la Polinesia para asentarse en aquel remoto, imaginario y desocupado universo. Este inmenso escenario antes de la llegada del hombre era el espacio de las aves más extrañas del planeta, debió ser bastante ruidoso aquel sórdido y paradisíaco lugar.  Los maoríes encontraron en Aotearoa “Tierra de la nube blanca” una nueva vida de la que jamás regresarían. Fueron estos mismos los primeros en colonizar aquella tierra; tras los indígenas, los europeos y con ellos los primeros ungulados. Entonces aquel escondido y solitario lugar abría sus puertas para convertirse en Nueva Zelanda, quizás el mejor país del mundo.

Con la experiencia que paso a relatar doy por concluido el reto de haber cazado en los cinco continentes, aunque he de reconocer que éste ha sido el destino que, tras mi regreso y después de una semana en casa siguen presentes todas las sensaciones y anécdotas. Puede que sea por el tremendo jet lag que se alarga y del que no quiero recuperarme así que me pondré a escribir.

Comienza la cacería recibiendo a cuatro viejos amigos argentinos con los que ya había cazado en Namibia y el en Eastern Cape de Sudáfrica: Aldo, Mauro, Pato y Esteban. El vuelo es fácil, desde Madrid, conexiones con Dubai, Sydney, Christchurch, aunque es conveniente no perpetrar esta burrada de 30 horas e intentar hacer escalas pernoctando en algún punto interesante, tipo Singapur o Hong Kong y pasar dos noches allí con la idea de aclimatarte, ya que se tardan al menos 4 días en adaptar tu reloj biológico a las antípodas.

Tras la primera cena, desayuno para mí, planificamos los seis días que teníamos por delante, había tarea ya que el objetivo era el tahr, elk, venado y rebeco, once animales serían nuestra misión más mi tahr, ya que no era de recibo irme sin él.

La previsión de tiempo no era buena, nos encañonaba un fuerte temporal de viento y lluvia desde el mar de Tasmania a toda velocidad hacia el Pacífico; se dirigía enfurecido y decidido a atravesar la isla sur sesgando su camino justo por nuestra localización, así que debíamos aprovechar los primeros días.

Lodge en el centro de la finca.

A la mañana siguiente hicimos un reconcomiendo por las zonas más altas y calientes de las 17.000 Ha. que disponíamos para cazar. Esto tuvo lugar a mediados de mayo coincidiendo con el celo del tahr. En mi primera prospección antes de la llegada de los cazadores, descubrimos tahrs a cada golpe de prismático, hasta los propios guías se sorprendían del fuerte celo que encontramos y de la creciente densidad que afloraba cada día en nuestra concesión.

 

El tahr: Oso, cabra, león y jabalí

Nuestro outfiter se ubica en la región de Canterbury, a dos horas escasas desde el aeropuerto de Christchurch hacia el sureste, siendo esta zona el epicentro de los tahrs en el país. Esta curiosa cabra Hemitragus jemlahicus, tiene su origen en el Himalaya, desde el norte de la India hasta el Tibet. Fue introducido en Nueva Zelanda en 1904, cuando el Duque de Bedford, (misma figura que introdujo el muntjac y el CWD en Inglaterra) donó al gobierno neozelandés un grupo de 8 ejemplares, 4 machos y 2 hembras en la zona centro y otro grupo similar en el glaciar Franz Josef.

Rápidamente se aclimataron al hábitat y 14 años después estaban extendidos en los Alpes del sur, en un territorio virgen, sin parásitos, con comida, agua en abundancia, altura y tranquilidad.

Durante nuestra cacería, como he mencionado anteriormente, debido al celo contemplábamos infinidad de machos, más de los normal, según nos decían, que estaban constantemente corriendo y disputándose el rebaño de hembras.

 

 

 

 

Teníamos tanta caza alrededor que nuestra dificultad estaba en localizar un buen trofeo que permitiera una aproximación sin demasiado riesgo y que, además, tras el tiro tuviera un buen cobradero.  Doce pulgadas es el patrón que traza si es trofeo, catorce sería un trofeo excepcional y quince ostenta el récord del mundo. Es un animal fuerte y pesado, su melena le hace aún mas corpulento, cuando lo ves en la distancia te recuerda la figura de un oso comiendo, cuando pelea y escala un macizo, o cuando te silban sus hembras desde los visos, la sensación es la de una cabra que a 600 metros parecía un oso, que cuando lo tocas ya cazado tiene la melena de un león y al tirar de sus patas tan cortas con ese robusto cuerpo de 100 kg, llegas al jabalí. Más rebuscado, imposible.

En busca de los tahrs.

La aproximación puede llegar a ser muy dura, los montes tienen una pendiente muy agresiva y lo normal es acabar gateando en el ascenso. Esa melena felina esconde muy bien el trofeo y la mayor parte del tiempo está con la cabeza en el suelo, comiendo, por lo que no te autoriza a animarte a un tiro largo y contemplativo. Los guías, además, quieren asegurarse bien de que al menos cumpla los 10 años y para ello se siente, pero hay que acercarse más y juzgarlo mejor; el tiro será como máximo a 300 metros.

La satisfacción es inmensa cuando lo consigues, en mi caso fue una de las mayores emociones que he sentido en una cacería, tal vez por la lejanía de aquellas cordilleras, el llegar hasta allí y verte abrumado por tanta belleza natural y esta pieza tan singular. Me invadió una profunda exaltación que todavía perdura. Puede que sea este el motivo de que hoy en día el tahr sea la caza más pura y auténtica de Nueva Zelanda.

Todavía quedan muchos días y la borrasca no abandona su camino, viene encañonada hacia nosotros, así que debemos priorizar los objetivos de montaña y centrarnos ahora en el gran enemigo de este melenudo, el rebeco.

 

El rebeco: Chami

Hay tres formas de cazar el rebeco o el chami como lo llaman algunos en su versión alpina. La primera y más salvaje es el Free Range. Son permisos que se conceden con facilidad para cazar absolutamente gratis en montes públicos, sin tasas de abates ni daily rates, te adjudican un cuartel y puedes cazar lo que quieras. Para dormir, un saco, para comer, lo que lleves en la mochila o lo que caces, para arrastrar, portear, desollar, cortar, cargar la carne etc… tú mismo. La segunda forma es la tradicional, con tu guía a pie, cogiendo altura, localizando y cazándolos de arriba a abajo y la tercera es la menos cinegética, pero estando en Nueva Zelanda la más recomendable: Helicóptero.

LagoWakaptipu.

Es obvio que le haces un gran favor a tus piernas, pero lógicamente recorres cientos de kilómetros en lugares inaccesibles para el hombre donde sorprendes a rebecos muy viejos y de gran puntuación que jamás han visto otra cosa que individuos de su especie, aves, glaciares enormes, monumentos naturales de roca y hielo o valles llenos de verdor y de imponentes montañas azules. Hay cientos de picos que sobrepasan los dos mil metros y algunas decenas de más de tres mil ocupando casi dos tercios del diámetro de la isla sur. Es un recorrido abrumador, volando entre escarpados barrancos con saltos de agua y remontando mesetas congeladas. Piensas que nunca has visto nada más bello y al valle siguiente vuelve a suceder, sencillamente estás sobrevolando una pintura, la pieza de caza pasa a un segundo plano hasta que de repente el guía te despierta del sueño y recuerda que estamos cazando señalándote un grupo de rebecos. Es cuando el piloto busca un lugar cercano para posar el aparato y comenzar la aproximación a pie.

 

Este tahr cumplió uno de mis sueños.

Todo en la vida llega y tras lograr abatir tres rebecos, dos oros y un bronce, el enfurecido temporal que amenazaba cumplió su promesa y se presentó hostil, obligándonos al día siguiente a quedarnos encerrados en casa. Las rachas de viento te hacían levitar, no podíamos siquiera abrir las puertas del lodge y las duchas de lluvia anulaban cualquier alternativa.

La suerte para nosotros era la vista a través de la enorme cristalera del salón que nos descubría la fuerza de la naturaleza desde el calor de la chimenea, así que todos coincidimos en que habíamos pasado un buen día de invierno, lo que a veces llamamos un día de campo, aunque no se haya pisado el verde. Con la misma velocidad que llegó, se fue la cola de aquella tempestad que a saber Dios lo que se llevó por delante hasta que acabó en el Pacífico.

Una vez concluidas las jornadas de montaña, el cielo limpio y el pasto brillante, nos decidimos por los elks y los venados. Necesitaríamos un artículo dedicado solo al ciervo neozelandés, sobre su gestión, su industria, los motivos que le llevan a ostentar todos los récords, a su origen y su futuro. Me comprometo mediante la presente a trabajar en ello, pero centrémonos en el que estamos.

A mi espalda el Monte Cook.

Les recuerdo que los cazadores que nos acompañaban esta vez eran argentinos y pueden presumir de enormes ciervos rojos europeos, “el colorado” como lo llaman ellos, así que inicialmente no mostraban gran interés en cazar uno en Nueva Zelanda hasta que se presentaron en destino y vieron el material.

 

El venado: El rey coronado

El ciervo rojo (red-stag), en términos universales será siempre él trofeo supremo en la caza mayor. Es imposible que un devoto cazador no tenga varios o muchos en su currículo y es la primera pieza del 90% de los cazadores deportivos; en Nueva Zelanda indiscutiblemente están los mayores y los más abundantes del mundo, los rankings lo demuestran, pero como solemos decir… Ver para creer.

Precioso venado de 407 SCI.

El venado centroeuropeo fue importado desde el Reino Unido entre los años 1850 y 1860 por diversas asociaciones de colonos europeos hasta 1923. Cuando se soltaron en las islas estos coronados encontraron un lugar sin enfermedades, sin pulgas ni garrapatas, sin depredadores, ni siquiera el hombre, ya que gozaron de una protección de caza de más de 50 años. Nada que impidiera o retrasara su crecimiento sino más bien lo contrario: Inmensos valles con pasto rico en vitaminas y calcio, bosques mixtos, altura y una climatología útil como es el binomio de lluvia y sol.

El red-stag en Nueva Zelanda en pocas ocasiones se refuerza con comida, sólo en invierno si este alcanza cotas extremas, pero es en esa época cuando menos comen. En contra de algunas creencias no se utilizan hormonas para su desarrollo de cuernas, ni cruces de sangre, ni ningún tipo de manipulación para su crecimiento, es todo genética (inglesa), alimentación y gestión. No se qué pasaría en España si la iniciativa privada de nuestras fincas adoptase el ejemplo, ya que en este momento hay una población de 500.000 ejemplares entre las dos islas y una industria de “veninson” (carne de ciervo) que en el 2017 exportó 11.900 toneladas, generando 114 millones de dólares.

Extraordinario venado de Aldo. 417 SCI.

Dos de nuestros amigos argentinos optaron por no irse sin cazarlo así que pude darme el lujo de presenciar sendos recechos. Es evidente que se trata de una cacería de puntos, sin demasiada dificultad, quizás el más presionado es el guía que debe afinar muy bien en la medición contratada y que, además, se acerque en el tramo por arriba y no por abajo, y si la sobrepasa mejor. El dilema es que en Nueva Zelanda funcionan con el sistema de medición SCI y los argentinos, al igual que los españoles, trabajan con CIC, así que, ni el guía neozelandés entendía de CIC ni el argentino de SCI, en consecuencia, las miradas acabaron en mí, adjudicándome sin mas dilación tomar parte en el litigio.

El primer cazador fue nuestro querido “Pato”, un entusiasta de los “colorados” que en la primera cena me enseñó algunas fotos de aparatos de 230 y 240 CIC cazados en su finca y se entregó a cazar uno mayor que los que me mostró. En el cuarto día salimos por su venado.

La mañana no podía estar mejor, la tormenta debía estar ya por Honolulu, un día soleado, sin viento y la caza saliendo por fin a la calle. Los venados se repartían en grupos de 3 a 5 a lo largo del coto pero estaban muy esquivos, guardando siempre la distancia de seguridad y alejándose del menor ruido extraño, así que teníamos que juzgarlos desde distancias de 600 metros con el spotter. La primera sorpresa llegó cuando coloqué en el tubo un venado que a mi juicio era sencillamente el ciervo de dos vidas de un cazador y por supuesto más grande que los que me había enseñado en el móvil. Debía superar los 240 CIC y visiblemente con más grosor. Se lo enfoqué en 40 aumentos y su reacción fue igual que la mía, quizás “asustado” sea la palabra, así que avisé a Steve a ver si entraba en el baremo de los 399 SCI que buscábamos y nos dijo “too small” (demasiado pequeño). Jamás olvidaré la cara de “Pato” ni él olvidará la mía al oír eso. He de reconocer que desconcertó todos mis cálculos de conversión de SCI a CIC.

Elk. Obsérvese la longitud de la cuerna y la dimensión del cráneo.

Así que cogimos nuestros trastos y continuamos la marcha sin mediar palabra. Ya empezaba a calentar el sol cuando descubrimos otro grupo de 4 pavos ramoneando, así que tratamos de acercarnos al máximo arrastrándonos por el pasto como leopardos. Llamaba la atención no pisar ningún bicho ni pinchos molestos, y es que apenas hay insectos en la isla, levantas una piedra y no encuentras nada, era como arrastrarse sobre un inmenso campo de golf. Cuando por fin nos pusimos a 180 metros empezamos a valorar cuál de los cuatro era el óptimo, sin pasar de los 399 SCI pero acercándonos al máximo. Nuestro venado elegido no se retiraba lo suficiente del grupo y el cazador lo tenía perfectamente encañonado, ya estaba listo para sentencia y el temor de que ocurriera el mítico accidente de matar dos con el mismo tiro, empezaba a generar cada vez más tensión en el ambiente, pero a Pato ya no había quien lo moviera de su encare. Justo antes de pensar en solo insinuarle con un suspiro que se tomara su tiempo, le lanzó la bala dejándolo seco en el suelo. Como resultado, un 405 negro perlado, largo, gordo, con 29 puntas, justo lo que queríamos todos, su venado soñado. A la mañana siguiente nos sorprendió el día con un fuerte viento, era el turno del venado de Aldo. Ya me había hecho experto conversor de SCI a CIC, así que hicimos un equipo de Jimy, Aldo y yo. Pato, al haber acabado sus objetivos con el elk, stag y tahr, decidió acompañarnos. Hicimos una salida de mañana sin éxito, pero fue a la tarde cuando firmamos el veredicto a un monstruoso aparato de 417 y 32 puntas. Largo, amplio en envergadura, matemáticamente simétrico y una larga punta trasera que lo convertía en único, quizás falto de coloración, pero sin duda una nueva obra de arte que colgará en la pared de mi querido amigo.

 

El tahr e Aldo.

La caza en este destino es infinita, puedes estar más de un mes completando tu colección neozelandesa. Tienes todas las modalidades, de montaña, caza alpina, recechos en abierto, en cercado, puedes intentar un récord del mundo, puedes sufrir la caza en los free ranges, tienes caza menor, migratorias, patos, ánsares, animales exóticos u ocho especies distintas de cérvidos: el elk, el rusa, el java, el gamo, el sika, el samba, el cola blanca y el ciervo rojo. Una vez cazado el rojo, si hubiera que elegir uno de los siete pendientes sin la menor duda el acierto de un cazador español es el elk.

 

El wapiti o elk Cervus canadensis

Hay diversas teorías e historias en lo referente a la importación del elk en Nueva Zelanda. La oficiosa es en la década de 1870 cuando Sir George Gary introdujo desde Norte América un grupo reducido en la isla norte, y la oficial es el regalo que hizo en 1905 Theodor Roosevelt al gobierno neozelandés de 10 parejas para la zona de Fiorland.

Espectacular elk de Mauro.

Es cierto que el elk genera una gran llamada de cazadores internacionales, pero está lejos de la industrialización del ciervo rojo. Es un animal delicado, su hábitat es el mismo que su primo elaphus, pero tiene un comportamiento más acobardado y tímido. Es un cérvido solitario e invadido por sus competidores como el gamo y el venado, manteniéndose en el liderazgo, como todos sabemos, esté donde esté, el gamo.

Su propia conducta tímida y apocada hace que en ocasiones sea difícil de localizar, sin embargo, esa inmensa cornamenta blanca y su pelo pálido lo acaban delatando, ya que difícilmente lo logran ocultar entre el monte. Cuando por fin lo tienes en el suelo una vez cazado no deja de sorprender su morfología en su conjunto. Es sencillamente grande, la alzada, el cuello, el cráneo, la cuerna, tal es así que los primeros exploradores europeos en Norte América lo confundieron con un alce, de ahí su origen etimológico (elk), ya que así se nombra al “alce” en inglés británico. Hay países escandinavos y regiones rusas que aún siguen llamando elk al alce, con lo cual ante de la duda siempre se acertará llamándole wapiti, su nombre nativo.  No sorprende que lo confundieran ya que es el segundo cérvido más grande del mundo, seguido del alce, llegando algunos ejemplares a pesar 450 Kg.

Doblete de rebecos plata y bronce de Mauro.

Nuestro amigo Mauro debe tener bien impregnado en su retina el recuerdo de su elk, pues tras un largo rececho de tarde dieron con el suyo, habiendo cazado por la mañana dos preciosos rebecos, así es la vida del cazador.

Llegaba el final en el fin del mundo, ya con los objetivos cumplidos pronto se partiría el equipo regresando a casa, mientras nos felicitábamos por las mediciones obtenidas en los trofeos yo preparaba mi pequeño periplo en solitario de una semana más por el país. Me dio tiempo a volar a Queenstown, recorrer el lago Wakaptipu y navegar a través de los fiordos del sur en Milford Sound, un sueño infinito y mágico que inevitablemente tenía que llegar a su fin. Durante mi pequeña etapa en solitario, donde empiezas a comprender ciertas cosas de la vida y a incendiar otras, una de mis múltiples reflexiones me generó una sospecha que espero me ayuden a despejar. Haciendo honor a mi condición de cazador y más aun teniendo la suerte de publicar un artículo en una revista en cuyo nombre aparece la palabra “conservación”, me surge la siguiente incógnita que comparto con el lector.

Nueva Zelanda indudablemente es un lugar majestuoso en el cual el ser humano ha sabido aprovechar su riqueza, no sólo los recursos que proporciona el país, también los hemos creado. La caza es prueba de ello, hemos repoblado territorios en función de las especies y éstas se han desarrollado rápida y categóricamente a favor de la industria cinegética. La pregunta reside en si por este motivo, este país ya ha dejado de ser la “Tierra de la Nube blanca”, quizás ¿hubiera sido mejor dejarla como estaba? Para que se me entienda mejor: Hay tres problemas a los que se enfrenta en este momento el ecosistema en el país, la erosión, la contaminación del agua y la deforestación ¿hasta dónde somos los responsables los cazadores?

 

Nota: agradecemos la cesión del material para este artículo a Atlas Hunting, Calle de Serrano, 93, 28001 Madrid. teléfono: 638 12 17 58, e-mail: info@atlashunting.com

Julio González de Marco

Atlas Hunting

No Comments

Post A Comment

diez − ocho =