Jean-Baptiste Marchand

El largo camino a Fachoda

Nació en Thoissey, Ain, el 2 noviembre 1863. Pertenecía a una familia de posición acomodada, que le permitió durante su niñez disfrutar de la vida de campo y descubrir una pasión que lo acompañaría durante toda la vida: la caza.

Los oficiales franceses de la misión Congo-Nilo, fotografiados en Yibuti en 1899, un año después de la expedición. Marchand es el segundo por la derecha, en primera fila.

Los porteadores, escoltados por soldados franceses, atraviesan el puente de N’Gani.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una vez finalizados sus estudios primarios, asistió a l’EcoleMilitaire de Saint-Maixent, de la que egresó para participar en la conquista francesa de Senegal, en la cual fue gravemente herido en 1889, durante la captura de Diena. Rápidamente se ganó una reputación de hombre de acción que sabía conjugar los deberes del servicio y la caza mayor. De hecho, en una ocasión en que perseguía a un facochero herido por un disparo de su fusil Gras del 11 mm. homónimo, se topó con un grupo de bandidos, sin esperar a sus hombres logró abatir a tres de ellos, y cuando el resto escapó y llegaron sus compañeros, consiguió dar con el animal herido y rematarlo.

A lo largo del camino, requerían la ayuda de los nativos.

En 1890 fue enviado a explorar las fuentes del río Níger y del Nilo. Era la primera vez que se encontraba con la gran fauna africana, donde el bongo y los elefantes de selva lo apabullaron. Entre los aldeanos supo distinguir a quienes eran cazadores y, con su ayuda, no dudaba en meterse en lo más recóndito de la selva en busca de aquellos. Siempre llevaba consigo un fusil reglamentario Gras, un revólver Galand de calibre 12 mm., un exprés británico del 8 y una escopeta fabricada en Saint Etienne del 16, comida para dos días… y ya está.

 

Del Congo al Nilo Blanco

Fueron intensos los trabajos para poder atravesar los 5.500 km. que los llevaron a Fachoda.

En el XIX Fachoda era apenas un enclave sin importancia en la orilla occidental del Nilo Blanco, pero antes de que acabara el siglo, en 1896, se convirtió en una pieza importantísima en la gran partida de ajedrez que las potencias coloniales europeas jugaban desde hacía ya diez años para repartirse África. Cecil Rhodes intentaba la ocupación del país para Gran Bretaña, mientras Francia hacía todo lo posible para desbaratar la obra del fundador de Rhodesia con toda la presión militar de que era capaz, en la orilla izquierda del Nilo. Así, el gobierno galo decidió que lo mejor sería la ocupación de Fachoda, para lo cual envió a uno de sus mejores hombres: Jean-Baptiste Marchand.

Capitán de infantería de marina, contaba en esos momentos 33 años y una amplia experiencia en las guerras por el dominio y la exploración del Continente Negro. De Senegal a Sudán y de allí a Costa de  Marfil, se había distinguido en numerosas batallas, habiendo recorrido a pie los 2.500 kilómetros que separan Cabo Verde del golfo de Guinea.

Jean Baptiste Marchand y Mekonnen Welde Mikaél.

Con destino a Fachoda, el grupo expedicionario partió de Marsella el 26 de junio, atracando en Loango el 24 del mes siguiente, con el objetivo de completar en ese puesto militar francés de la costa atlántica el resto de los efectivos. Dejaron atrás la costa y, transportando desmontada una lancha cañonera, la Faidherbe, la expedición formada por los oficiales franceses y 159 soldados senegaleses, llegó a Brazzaville. Un año después, tras remontar el Congo y el Ubangui, atravesar el Ecuador y cruzar selvas impenetrables, alcanzó el fuerte Desaix, cerca de Bahr al-Ghazal, un afluente del Nilo Blanco. Allí se detuvieron hasta el 4 de junio de 1898, para iniciar ese día el ascenso del río en dirección a Fachoda. Llegaron el 10 de julio; extenuados por la precariedad de las barcas que los llevaron a su destino, finalmente, después de transcurridos dos años desde su partida de Loango y haber atravesado 5.500 kilómetros, izaron la bandera, haciendo saber a los jefes indígenas que tomaban posesión de Fachoda en nombre del gobierno francés.

La reacción británica no se hizo esperar, y pocos meses después llegaba a Fachoda, procedente de Jartum (recién ocupada por los ingleses) una ingente columna formada por dos batallones egipcios, una compañía de highlanders, cinco cañoneras y una batería ligera, todos a las órdenes de Sir Herbert Kitchener, comandante del ejército anglo-egipcio que acababa de derrotar a las fuerzas de El Mahdi en la batalla de Omdurman, y así vengar tras once años, la afrenta y asesinato del general Charles George Gordon el 26 de enero de 1885. Pero ambas partes sabían que no iban a luchar, una contienda en Fachoda  hubiese significado la guerra en Europa y no era ésa la intención de las cancillerías que manejaban los hilos desde las metrópolis.

En la gran orilla izquierda del Nilo, los hombres exploraron canales, debiendo soportar esporádicos ataques de hipopótamos.

Un león abatido por Marchand.

 

 

 

 

 

 

 

Así se inicia una convivencia pacífica entre ambos grupos de militares, hasta que a finales de octubre, Marchand recibió la orden de capitular. La bandera fue arriada y el cuerpo expedicionario emprendió el regreso, atravesando Abisinia donde fue recibido por el Ras Mekonen Welde Mikael y así pasar al Mar Rojo, en una retirada que significó un golpe mortal para las aspiraciones francesas sobre el Nilo.

El príncipe etíope, ras Mekonnen Welde Mikaél.

La derrota y la desilusión por el fracaso medraron el espíritu de Marchand, quien sin embargo, fue recibido como un héroe en su patria. Por ella siguió con su carrera de militar, combatió en China durante la Revolución de los Bóxers en 1904; gracias a su larga estadía en dicho país no dudó en recorrer sus campos en pos de la caza. Como era un hombre práctico supo adaptarse al nuevo armamento impelido por pólvoras nitro, aunque rápidamente advirtió que rifles como el Lebel en 8 mm. estaban muy bien para animales menores, pero que para los de mayor tamaño se necesitaba más energía, aun con una merma en la trayectoria, y seguía utilizando su exprés del 8 para el búfalo de agua. Recorrió China con sus armas en la mano, obteniendo desde los pequeños muntjac y ciervos de agua hasta tigres.

En la actualidad la colonización europea fue y es muy criticada por su avaricia, expolio y demás; todo ello es verdad, pero también sirvió para llevar cultura y sanidad a pueblos que la necesitaban.

Al volver a su patria donó la mayoría de los trofeos obtenidos a varias colecciones privadas, muchas de éstas han acabado en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de París.

Fue ascendido al rango de general en 1915, durante la Primera Guerra Mundial, herido en 1915 en la Batalla de Champagne y de nuevo en 1916 en la batalla del Somme. Se retiró del ejército en 1919. La muerte lo alcanzó en París el 13 enero de 1934, en medio de sus recuerdos africanos.

Saúl Braceras

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