¿Harakiri o seppuku?

Una civilización milenaria desarrolla un sinfín de rituales

Para entender esta mínima, aunque llamativa, parte de esta cultura japonesa debemos tener en cuenta su imbricada forma de ver la vida. Por ejemplo, mientras que cualquier pueblo ha desarrollado su idioma, sólo ellos tienen tres diferentes: el de los niños, el de las mujeres y el de los hombres. Otro aspecto destacable es que mientras nuestra cultura occidental ha definido tratados como el de Ginebra para la custodia de los prisioneros de guerra, en la mentalidad japonesa de la Segunda Guerra Mundial esto no tenía cabida. El por qué podemos encontrarlo en su rígido código Bushidō y que en pos de éste ninguna unidad nipona se rindió al enemigo durante la Segunda Guerra Mundial hasta que su Emperador lo ordenó. Por tanto, los prisioneros de guerra, en su mentalidad, eran reos de cobardía y no tenían honor.

Antigua fotografía del siglo XIX, que representa una incógnita: si estamos ante un ritual auténtico del seppuku o es una representación del rito ante la cámara.

La casta de los samurái desarrolló una compleja cultura, donde el seppuku era el centro de sus valores.

 

 

 

 

 

 

 

Un ritual cruento

Lámina japonesa que muestra el tipo de corte y cómo llevarlo a cabo en el ritual del seppuku.

El suppuku (del japonés corte del vientre) es el suicidio ritual y formaba una parte muy importante en el código ético de los samuráis, conocido como Bushidō. Éste se realizaba solamente de forma voluntaria para obtener una muerte honorable. Su práctica podía darse en el supuesto de ser tomado prisionero por parte del enemigo o para expiar una pena capital por haber cometido alguna ofensa o haberse deshonrado a través de algún acto contra su señor feudal (daimyō), shōgun o tribunal.

La costumbre de seguir al amo en el camino de la muerte por medio del haraquiri es conocida como oibara (追い腹 o 追腹) o tsuifuku (追腹). Y aquí tenemos algo que solo se comprende cuando uno entiende que la cultura japonesa es mucho más sutil, y por ende, complicada que la nuestra, pues las palabras haraquiri y seppuku se escriben con los mismos caracteres, sin embargo llevan distinto orden y diferente lectura; para el haraquiri utiliza la lectura kun (original japonesa) y seppuku la lectura on (de origen chino). Algo similar pasa con las palabras oibara y tsuifuku, aunque en este caso el orden de los caracteres es el mismo. Por último, en japonés se prefiere el término seppuku, puesto que la palabra haraquiri se considera vulgar y una puntualización, en castellano lo correcto es escribir haraquiri y no harakiri, aunque ésta es la forma de hacerlo más común.

La ceremonia del haraquiri tiene su parte más importante en el seppuku, donde el ritual es muy elaborado y se realiza generalmente delante de uno o más espectadores. El practicante es quien se quitará la vida clavándose un tantō, arma blanca de hoja corta, en el abdomen y haciéndose un corte de izquierda a derecha.

En la lámina vemos a Akashi Gidayu escribiendo su poema de despedida, llamado zeppitsu o yuigon, antes de suicidarse.

En el caso de una falta, lo habitual era emplazar al acusado bajo la custodia de un daimyō y concederle un plazo para la consumación del seppuku. Si éste no se llevaba a cabo, el reo era automáticamente ejecutado, su memoria quedaba execrada y la familia heredaba su deshonor, perdía el patrimonio a su cargo y la pertenencia a la casta samurái. Esto usualmente conllevaba que el linaje quedaba condenado al oprobio y ya no pertenecía a la sociedad. De llevarse a cabo, su honor quedaba restablecido, algo similar les ocurría a los ciudadanos romanos durante el Imperio.

Antes de ejecutarse el seppuku, el practicante bebía sake y solía componer un último poema de despedida llamado zeppitsu o yuigon, casi siempre sobre el dorso del tessen o abanico de guerra. Durante el postrer instante, el suicida se situaba de rodillas en la posición seiza, se abría el kimono, habitualmente de color blanco (que aún hoy sólo visten los cadáveres) se metía las mangas del kimono bajo las rodillas (para impedir que su cuerpo cayera indecorosamente hacia atrás al sobrevenir el colapso), envolvía cuidadosamente la hoja del tantō (daga de unos 20-30 cm) en papel de arroz (puesto que morir con las manos cubiertas de sangre era considerado deshonroso), y procedía a clavarse la daga en el abdomen que anteriormente se había envuelto en una faja blanca para evitar la caída del paquete intestinal al suelo. El ritual completo o recomendado consistía en clavarse el tantō por el lado izquierdo, cortar hacia la derecha firmemente y volver al centro para terminar con un corte vertical hasta casi el esternón. Esto, como es lógico, resultaba terriblemente doloroso y al mismo tiempo desagradable para los asistentes.

Kanji de la palabra samurái, cuyo significado es “el que sirve”.

Además, el samurái no moría al instante, sino que sufría una agonía de varias horas. Puesto que ni el practicante de seppuku quería sufrir tanto, ni a los asistentes apetecía contemplar ese macabro espectáculo, se ponía a disposición del suicida un ayudante o kaishaku en japonés. Éste era a menudo seleccionado para tal fin por el practicante y solía ser su mejor amigo o un familiar directo. Tenía por misión permanecer de pie al lado éste y decapitarlo con una katana en el momento apropiado. Dicho momento se establecía con antelación a la voluntad del suicida, siendo muy habitual acordar una señal de éste, tras la cual el ayudante actuaba de inmediato.

En muchos casos, los practicantes no llegaban a clavarse el tantō, y el simple ademán de empuñar la daga y acercársela constituía la señal para el kaishaku. Aunque para algunos samuráis se cuantificaba el valor del suicida teniendo en consideración lo lejos que habían llegado en la práctica del ritual antes de que el ayudante procediera a la decapitación.

El actor Baiko Onue, en el papel de Hangan, se apresta a realizar el seppuku.

En el Japón de pre-guerra fue una obra de teatro llamada Chushingura (La historia de los servidores leales) quien revistió de un halo romántico al ritual del seppuku llevado a cabo por el personaje de Hangan.

Con la abolición del código Bushidō y la desaparición de la casta de los samuráis, esta práctica se fue abandonando, pero el último, al menos conocido internacionalmente en cometer este suicidio ritual fue el escritor Yukio Misihima (三島由紀夫), cuyo verdadero nombre era Kimitake Hiraoka (平岡公威). Nacido en Tokio el 14 de enero de 1925 y muerto por su mano el 25 de noviembre de 1970, fue un novelista, ensayista y dramaturgo japonés, considerado uno de los más grandes escritores de la historia del Japón.

 

En la literatura japonesa

Para aquellos que deseen saber más sobre esta cultura y cómo fue que se desarrolló este ritual suicida recomiendo la lectura de La historia de los 47 rōnin. Existen varias versiones, una es la de Jorge Luis Borges, como así también varias películas, como la de 1962 del director Hiroshi Inagaki con la actuación del actor Toshiro Mifune y en 2013 la versión libre del director Carl Erik Rinsch bajo el nombre de La Leyenda del samurái (47 rōnin).

Una síntesis de la obra es que dos daimyō o señores feudales, llamados: Asano Takuminokami Naganori y Kira Kozukenosuke Yoshinaka estando en la corte del shōgun (emperador) tuvieron una discusión, en la que Kira insultó a Asano y éste desenvainó su wakizashi (espada corta) e hirió a Kira en la frente. Teniendo en consideración que estaba prohibido desenfundar armas en la corte, Asano fue condenado a cometer el suppuku y, por tratarse de un delito muy grave, toda su familia fue expulsada de sus tierras. Sus criados perdieron su trabajo y sus numerosos samuráis se convirtieron en rōnin (del japonés: guerreros sin señor).

Ilustración japonesa de los 47 rōnin, que en realidad fueron 46.

Ilustración japonesa de finales del siglo XIX del samurái herido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dicho incidente, considerado como una grave ofensa, hizo que se reunieran para determinar si debían vengar a su amo matando a Kira. De todos los guerreros empleados del clan Asano, sólo se comprometieron a colaborar en la venganza unos 60, firmando con su sangre un documento, mientras que el resto se dispersó. Con el tiempo, muchos de los firmantes abandonaron la causa.

El controvertido escritor Yukio Mishima fue la última de las figuras internacionalmente conocidas que cometió el seppuku, fue el 25 de noviembre de 1970.

Finalmente, tras dos años de muchas penurias, consiguieron completar sus preparativos para la venganza y una noche de diciembre, mientras caía una intensa nevada, los 47 rōnin restantes asaltaron la mansión de Kira. Mataron a la guardia y capturaron al odiado Kira, al ofrecerle que llevara a cabo el seppuku, con el mismo tantō que había usado su amo y al negarse, fue decapitado. Entonces, llevaron la cabeza a la tumba de su amo, en el templo budista Sengakuji y cometieron el seppuku. Finalmente fueron enterrados junto a la tumba de su amo.

Hay que hacer una salvedad, pues quienes cometieron el seppuku fueron 46 de los 47 rōnin, ya que al matar a Kira, uno de ellos, Terasaka Kichiemon, regresó a su pueblo mandado por Oishi a contar lo sucedido a los familiares y murió años después de vejez. A su muerte, su cadáver fue trasladado al templo Sengakuji en Tokio y enterrado con sus compañeros.

Saúl Braceras

 

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