Coronel Ewart Scott Grogan

Un paseo de El Cabo a El Cairo

Nuestro hombre nació en Londres en 1874, era el hijo número décimo cuarto de veintiún hermanos y hermanastros y el primero del segundo matrimonio de su padre. Fue un hombre conflictivo, aunque valeroso como lo demostró con su expedición de Ciudad del Cabo a El Cairo. En su juventud demostró tener un temple de hierro al recorrer por primera vez los 6.400 kilómetros que distan entre estos dos puntos y todo por una discusión con el padrastro de la bella señorita Gertrude Edith Watt, de quien se había enamorado. Pero, me estoy adelantando a la historia.

El hombre

También conocido como el Churchill de Kenia debido a sus dotes como político o Bwana Chui (del kikuyo Señor leopardo), procedía de una familia de clase media y su padre pudo pagarle una buena educación debido a que era un próspero corredor de fincas rurales. Por tanto, accedió al Winchester College y al Jesus College, de Cambridge, pero no consiguió titulación alguna, pues fue expulsado de ambas instituciones. Al contraer una enfermedad, posiblemente pulmonar, fue enviado a Suiza para recobrarse y lo hizo en grado extremo al poder coronar el monte Cervino (en italiano), Matterhorn (alemán) o Mont Cervin (francés); sin duda, la montaña más conocida de los Alpes por su forma piramidal, entre Suiza e Italia.

Su cumbre de 4.478 metros es una de las más altas de los Alpes.

Revólver Webley modelo Royal Irish Constabulary o RIC, calibre .450 Eley, muy popular en las colonias británicas por tener un buen poder de detención.

Al volver a Gran Bretaña, buscó su vena artística en la Escuela de Arte Slade, pero no encajaba con el perfil de un artista. De hecho, dijo “… comenzó a no gustarme el aspectos de los artistas”. Pero, el punto de inflexión fue que un día un profesor se quedó mirando un dibujo de Grogan durante largo tiempo para comentar en voz alta delante de la clase:

-Si usted trabaja durante años, viviendo, soñando y pensando solamente en el arte, arte y Arte, tal vez algún día llegue a ser un artista. La respuesta no pudo ser más airada:

-No estoy seguro de querer ser un artista, prefiero ser policía.

La discusión estaba servida y Grogan sacó una moneda del bolsillo, la tiró al aire y salió cruz.

-¡Lo siento, me voy!

 

África

Grogan era un joven británico de su época.

Allí le llevó el destino en 1886, fijado por el azar: arribó a Ciudad de El Cabo, pero la insurrección matabele que ya era un hecho y que se transformaría en la Segunda Guerra Matabele le hizo cambiar de planes. Conoció a Cecil Rhodes y compartió de inmediato su visión de un África unida por la bandera británica, la Union Jack. Ambos comprendían que para que eso fuera un hecho, se debía construir un tren que uniera el continente de Norte a Sur. La sola idea escandalizaba a cualquiera, pues nadie tenía idea de por dónde debería pasar o simplemente qué se encontraría en su trazado. Se intuía que habría pantanos, desiertos, montañas y muchas tribus hostiles.

De este modo, se alistó como soldado de caballería y posteriormente sirvió en artillería. De su paso por la campaña de Bulawayo quedó postrado por las fiebres y también fue herido por los guerreros matabeles.

 

Ante su quebrantada salud, tomó la decisión de irse a Nueva Zelanda, donde vivía un antiguo compañero de Cambridge. Iba apesadumbrado porque los médicos le habían diagnosticado que jamás se recobraría. A modo de distracción se dedicó al estudio de ingeniera vial, específicamente ferrocarriles, y agrimensura.

Los cartuchos del .303 British llevaban proyectiles de 215 grains con camisa de acero en los blindados y de cupro-níquel en los semiblindados. En ambos casos la penetración estaba asegurada, sobre todo con los blindados de ojiva redonda.

En la casa de su amigo, conoció a Gertrude Edith Watt, hermana de éste, de quien se enamoró de inmediato. Pero ante la desaprobación del padrastro, por ser “un don nadie”, realizó su famoso reto: ir caminando desde Ciudad de Cabo hasta El Cairo. Al padrastro no le causó gracia, lo que calificó de fanfarronada de un joven díscolo, pues se intuía que sobrevendría un sinfín de obstáculos y que personas más preparadas jamás lo habrían intentado. Concluyó, que “para atravesar el continente de Norte a Sur se requeriría un pequeño ejército”.

-No es esa mi opinión –contestó el joven Grogan-. Un contingente grande despierta muchas sospechas por donde pasa. Un pequeño grupo lo haría sin demasiadas molestias. Grogan volvió a Gran Bretaña y a los pocos meses se hallaba sobre la cubierta de un velero con rumbo a África del Sur. No iba solo, Arthur Henry Sharp le acompañaría en parte del disparatado viaje. Aquí es lapidaria la famosa frase del torero El Gallo “hay gente pa´ tó”.

Nuestros hombres iban armados con rifles Lee-Metford deportivos en calibre .303 British.

Los granjeros boers recibieron bastante bien a los dos expedicionarios británicos, aunque las tensiones estaban a punto de explotar entre el Imperio y la joven república.

Debemos entender que los jóvenes de la clase adinerada eran hombres cultos que habían recibido una esmerada y muy estricta educación, y a partir de entonces debían crearse su propia posición, para ello se los dotaba, sobre todo, de don de mando y capacidad de sacrificio. Se los adiestraba en todas las ciencias, como así en la hípica y en el uso de armas y, sobre todo, en la caza, actividad que solía ser tomada como los prolegómenos de la guerra. Por todo ello, Ewart Grogan y Arthur Sharp pertenecían a esa clase de jóvenes donde un buen mando era mucho más eficiente que todos los abalorios juntos que otras expediciones pudieran reunir.

No obstante, y aunque viajaban ligeros de equipaje, supieron llevar con ellos libros de filosofía y poesía junto a sus exiguos medicamentos, armas y municiones, siendo el principal elemento de éstas últimas dos fusiles Lee-Metford calibre .303 British, pues con sus cargadores de petaca de 10 cartuchos harían, como veremos, la diferencia entre los nativos hostiles. Aunque Grogan y Sharp llevan rifles deportivos salvo por el tipo de culata y la lista que llevaban sobre el cañón eran iguales al modelo militar y, como es lógico, también los utilizaron para conseguir fauna mediana como sustento. Al cinto llevaban revólveres Webley Royal Irish Consta-bulary o RIC calibre .450 Eley, muy popular en las colonias británicas por tener un poder de detención muy bueno para su época. Por último, un express del 8 bore de pólvora negra para los grandes paquidermos.

Salieron de África del Sur en febrero de 1898. Como era lógico los primeros cientos de kilómetros hacia el Norte fueron fáciles, pues iban sobre terreno conocido y fueron bien acogidos por los granjeros Boers, aunque las tensiones eran evidentes. No debemos olvidar que ya había ocurrido una guerra, la primera conocidas como “Guerras bóeres” (Boer Wars en inglés) en el Reino Unido y como “Guerras de libertad” (Vryheidsoorloë en afrikáans) que se desarrolló desde el 16 de diciembre de 1880 hasta el 23 de marzo de 1881. Y la segunda estaba al caer entre el 11 de octubre de 1899 y el 31 de mayo de 1902.

En su viaje conoció a todo tipo de tribus desde las pacíficas hasta los feroces caníbales.

Se dice que le primer incidente se lo deben a un búfalo que los cargó cuando estaba plácidamente pescando. Grogan se tiró al agua sin pensarlo dos veces a pesar de los cocodrilos, pero Sharp, que desconocía la peligrosidad de la fauna pesada, cogió su .303 y comenzó a soltarle tiro tras tiro hasta que el vacuno cayó a menos de tres metros de sus pies. Ocho disparos de los viejos proyectiles de 215 grains blindados finalmente hicieron el trabajo. No olvidemos que la configuración de ojiva redondeada y la dura envuelta de acero eran ideales para la penetración necesaria.

Al salir Grogan del agua, Sharp se limitó a comentar:

-Desconocía que estos animales pudieran soportar tanto castigo. La próxima vez seguiré tu ejemplo.

 

Cumple su promesa

Uno de sus veintiún hermanos, Quentin Grogan, quien arribó en 1905 se dedicó de lleno a la caza del elefante. De hecho, intervino en el famoso safari del Presidente Theodore Roosevelt.

Al separarse de Sharp,  Ewart sólo podía contar consigo mismo y algunos porteadores fieles; a los pocos días en un pantano hallaron a un viejo derviche, cojo y condenado a prisión, un niño y a un criminal loco encadenado. Tiempo después, mientras cazaba, el loco reunió a los nativos y repartió los pocos bienes que el safari aún transportaba y se escapó al cenagal. Los locales, que demostraron ser muy honrados, esperaron a Grogan para devolverle sus cosas.

 

Habían llegado al Nilo, allí alquiló unas canoas y se embarcaron hacia el Norte. Pero la vegetación, llamada sudd, los detuvo a pocos kilómetros. Se detuvo por una noche en un poblado bari que los dinkas habían expulsado. Como los mosquitos eran insoportables; de hecho, una noche un porteador fue devorado literalmente, adoptó la costumbre de la región en untarse el cuerpo con barro dejando sólo los orificios de la nariz para respirar.

Los dinkas lo atacaron y mataron a varios porteadores. Grogan descargó su fusil y revólver, pero fue golpeado con una masa en un brazo mientras intentaba recargar una de sus armas.

Cuando atravesaban territorio dinka, una mañana se vieron rodeados por estos hombres muy altos y de musculosos cuerpos totalmente desnudos. Se hizo un impasse, nadie sabía bien qué hacer y tal vez no hubiese ocurrido nada si los porteadores hubieran conservado la calma, pero intentaron rechazarlos. El combate se inició de inmediato y varios porteadores fueron alanceados. Grogan descargó su fusil y su revólver, pero fue golpeado con una masa en un brazo mientras intentaba recargar una de sus armas.

Los dinkas lo pensaron mejor y huyeron. La expedición se internó en el pantano de papiro, en una zona más alta donde hicieron noche. Ewart estaba conmocionado por el golpe de la masa y todos, en mayor o menor medida, estaban heridos. No tenían combustible para encender fuego ni comida y los mosquitos no cejaban en sus ataques.

Continuaron así varios días atravesando pantanos. Grogan esperaba que a unas cuatro jornadas de marcha alcanzarían el río Sobat, pero no estaba seguro de conseguirlo. Entonces, a lo lejos, vio una larga vara que se mecía… era un mástil. ¡Había llegado al Sobat!

 

 

 

En los pantanos de Sudán

En el invierno de 1899, el capitán Dunn, del ejército británico destinado en Sudán, se embarcó en su lancha para disfrutar de sus dos aficiones preferidas: pescar y cazar. Llevaba varios días acampado en el río Sobat, donde los papiros le habían impedido continuar.

De pronto, vio salir de la selva a un grupo de nativos y finalmente a un hombre blanco con una pipa apagada de su boca y un rifle de caza al hombro. La apariencia del contingente no podían ser peor: rostros tumefactos por las picaduras de los mosquitos, más todas las muestras visibles del cansancio y la falta de alimentos.

Mientras que los porteadores se dejaron caer por tierra, el europeo se acercó saludando cortésmente:

De Ewart Grogan se pueden pensar muchas cosas buenas y también de las otras, pero hay algo que es indiscutible: hombres como él fueron quienes construyeron imperios y me atrevería a decir algo más, son irrepetibles.

-¿Cómo está usted? –preguntó el capitán Dunn.

-Muy bien gracias. ¿Y usted? –contestó el europeo que, a las claras, era inglés.

-Bien.

-¿Ha pescado algo?

-Normal. ¿Desea comer alguna cosa? Pareciera que tiene hambre, yo la tengo…

Durante el almuerzo la flema británica se derrumbó y el capitán espetó:

-Disculpe señor, ¿puede decirme de dónde diablos viene?

-De El Cabo.

El asombro cayó a plomo en la mente del capitán. El Cabo de Buena Esperanza estaba a seis mil cuatrocientos km. de distancia, repartidos entre extensiones enormes de selvas, desiertos, montañas, ríos y tribus caníbales.

-Ya veo –contestó el capitán quien pensó que el joven deliraba. Y lo hacía, pero no tanto. Finalmente Ewart S. Grogan había llegado a su destino, después de recorrer África de Sur a Norte por primera vez. Algo impensable, pero que el tesón y la promesa dada lo llevaron a transformarse en el primer hombre que hacía ese recorrido.

Desde el río Sobat, Grogan y sus hombres a los pocos días fueron embarcados a El Cairo, donde la noticia los había precedido. Durante días estuvo de recepción en recepción, mientras que los cuatro watongas que le habían acompañado visitaban la ciudad, sin creer demasiado que todo lo que veían fuera realidad.

Quizás la anécdota más simpática de esos días fue cuando, en compañía de sus nativos, se dirigieron a la estación y éstos vieron por primera vez un tren. Su porta-rifle le dio una palmada en el hombro y le extendió su express del 8 bore.

Finalmente llegaron al Nilo.

Su viaje quedó plasmado en “From the Cape to Cairo; the first traverse of Africa from south to north”, que le llevó cuatro meses redactarlo. Fue distinguido por la Royal Geographical Society, fundada en 1837.

Al estallar la Guerra Anglo-Boer se alistó como capitán de los Reales Fusileros de Munster. Un ataque de malaria lo llevó al hospital, donde su compañero de habitación deseaba instalar una empresa maderera en Kenia. Ambos, al terminar la guerra, crearon una sociedad y viajaron a Nairobi. Entre tanto, volvió a Nueva Zelanda, se casó con Gertrude y tuvo cuatro hijos. En 1904 volvió a Kenia.  Su primera casa fue una tienda de campaña en una propiedad que compró a un tal Bennet, donde se unen el río Ruo y el Shire, conocido en la actualidad como Chiromo (del kikuyo: unión de dos ríos). Posteriormente, hizo que el arquitecto H. O. Cresswell construyera su casa, Grogan´s Lodge o Grogan´s Palace y, para que se hospedaran los invitados, a su lado erigió un pabellón de caza. Perteneció al exclusivo club Los Nativos, que había sido fundado hacia 1835, y a partir de la proeza de Grogan se inició la costumbre de brindar en cada cena por su expedición.

En la política encontró su vida y se dedicó con igual pasión que lo hiciera durante su expedición a través de África. Fue un hombre de su tiempo, que consolidaba sus creencias hasta extremos que lo llevaron, en 1908, ante un tribunal por apalear hasta la muerte a un empleado nativo y a otro lo mandó al hospital por tres meses. Esto sacó chispas en Londres sobre el comportamiento de los británicos en sus colonias, levantó toda una ola de indignación y fue acusado de asesinato en primer grado. Finalmente, fue sentenciado a dos meses de trabajos forzados.

Su fama como explorador sirvió para que otro de sus veintiún hermanos se trasladase al África Oriental Británica, como fue el caso de Quentin Grogan, quien arribó en 1905 para dedicarse de lleno a la caza del elefante. De hecho, intervino en el famoso safari del Presidente Theodore Roosevelt y como corresponde, oportunamente le dedicaré unas líneas.

En 1947, Ewart fundó el Hospital de Niños Gertrude, en Nairobi, en memoria de su esposa ya fallecida. En la actualidad esta institución tiene siete filiales repartidas por la ciudad.

Posteriormente, se afincó en el sur de Kenia donde compró una finca cerca de Taveta, no lejos de la frontera con la actual Tanzania. Falleció en Cape Town, Sudáfrica,  el 16 de agosto de 1967 a la edad de 92 años.

 

Las Grandes  Guerras Mundiales

Combatió en ambos conflictos, fue distinguido con la Orden de Servicios Distinguidos (en inglés: DSO) y promovido al rango de coronel. Durante la Segunda Guerra Mundial actúo como oficial de enlace en la costa occidental de África.

En 2007 el periodista Julian Smith realizó la ruta de Grogan desde Sudáfrica hasta el Sur de Sudán y lo dejó reflejado en su libro “Crossing the Heart of Africa” (publicado en 2010), un volumen literario considerado en memoria de Ewart Grogan.

 

Saúl Braceras

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