Ferdynand Antoni Ossendowski

A través de la taiga, hacia la libertad

Ferdynand Antoni Ossendowsk escritor luchador por la libertad y cazador.

Es quizás uno de los personajes más interesantes del primer cuarto del siglo XX, aunque sin pretenderlo. Desde la primera vez que leí Bestias, Hombres y Dioses, hace unos 30 años, me sentí transido por la angustia de sus padecimientos, feliz por la belleza de sus relatos de caza y sus ganas de salir adelante. Nuestro hombre nació en 1876 en Lucyna, cerca de Vitebsk, Polonia, y perteneció a esa raza de superhombres que podían con su tiempo, tan lejos de lo que hoy se enseña a los jóvenes. Estudió en la famosa institución Kamienec Podolski, pero al poco tiempo tuvo que mudarse con su familia, el padre era un renombrado médico, a San Petersburgo, donde se graduó en lengua rusa. En la universidad estudió química y fue asistente del profesor Alexander Zalewski. Pero ya en su juventud la aventura lo reclamaba e hizo grandes viajes por Siberia, Cáucaso y Altai. Posteriormente, se embarcó y navegó por Japón, Sumatra, China, Malasia, Indonesia e India. De sus traslados y los escritos que realizó ganó el premio de la Sociedad de Literatura de San Petersburgo. En 1899, después de una revuelta estudiantil, fue obligado a dejar el Imperio Ruso y se estableció en París, donde continuó sus estudios en la Sorbona, teniendo como profesores a quienes más tarde sería premio Novel, María Curie-Sklodowska y Marcelin Berthelot. Dos años después pudo volver a Rusia donde el profesor Zalewski lo invitó a la recién estrenada Universidad de Tomsk, en la que realizó estudios de geología, hidrología, física, química y geografía.

 

Nuestro hombre en los años de sus viajes de prospección por Siberia.

Después del comienzo de la Guerra Ruso-Japonesa, en 1904, se instaló en Harbin, Manchuria, fundando el laboratorio Central de Investigaciones Técnicas, también encabezó la rama local de las Sociedad Geográfica Rusa en Vladivostok. Realizó varios viajes por Corea, isla de Sakhalin, estrecho de Bering y delta del Ussuri, donde otro gran viajero, cazador y escritor, Vladimir Arzeniev (autor de Derzu Usala) también estuvo explorando en fechas similares.

De sus experiencias en la isla Sakhalin, entre 1989 y 1905, donde la caza lo sostuvo y a veces puso a prueba contra lobos y osos, nació su primer libro Asie Fantome, a travers la Sibérie Sauvage, que lo tengo en francés y que, sin duda, se tradujo al castellano, pues se lo ha hecho con toda su obra.

 

Durante la Revolución de 1905 se vio envuelto en el Comité Central Revolucionario y tras la caída de este movimiento fue condenado a muerte, pero su condena fue conmutada por varios años de trabajos forzados. En 1907 se lo expulsó de Rusia y dio lugar a su novela Vludskoi pyli  (del ruso: Entre el restos humanos) que contaba su vida en las prisiones de Zar. De hecho, este libro, poco conocido en Occidente, era uno de los preferidos de León Tolstoi y tuvo mucha popularidad que redundó en su autorización para volver a San Petersburgo en 1908.

Los trabajos de prospección en busca de materias primas fueron una verdadera cuña para la civilización de Siberia y otros territorios de Asia.

La guerra civil entre blancos y rojos fue el primer resultado de la Revolución de Octubre.

 

 

 

 

 

 

 

Al desatarse la Revolución de Octubre de 1917, Ossendowski volvió a Omsk, Siberia, donde dio clases en la universidad local. Con el estallido de la guerra civil entre blancos y rojos, tomó partido por los primeros al mando del almirante Alexander Kolchak, donde desempeñó varias labores como oficial de inteligencia, asistente del mayor Walerian Czuma de la 5º División de fusileros Polacos y fue quien llevó la documentación Sisson donde se exponía la ayuda alemana a Lenin y los bolcheviques.

El “barón loco” Roman Nickolai Maximilian Ungern von Stenberg.

Un hecho curioso fue que durante el encarcelamiento de la familia Romanov se difundieron muchísimos rumores donde se hablaba de la fuga de la gran duquesa Tatiana y, a decir de Sidney Gibbes, preceptor de los hijos del Zar, ella misma lo leyó en su lugar de cautiverio, divertida, ante sus propios ojos. De hecho, el 28 de noviembre de 1917, el diario madrileño El Debate pudo reproducir un cable procedente de Nueva York según el cual anunciaba la llegada inminente a Estados Unidos de la Gran Duquesa Tatiana, quien había simulado un casamiento con un hijo del barón de Friedericks para poder huir de Siberia, donde se proponía dedicarse al socorro de sus paisanos rusos. También el mismo periódico añadía que, según fuentes fidedignas, «el Zar logró escapar de Tobolsk y refugiarse en el Japón».  No mucho después, el 1 de diciembre del mismo año, The Morning Post, de Londres, daba cuenta de que la antedicha Gran Duquesa Tatiana, aunque lista para partir hacia los Estados Unidos, aún se encontraba en Inglaterra, buscando pasar desapercibida con vestidos masculinos y notablemente cambiada por un buen corte de pelo. Este personaje es, sin duda, la misma princesa errante evocada por Ferdynand Ossendowski, cuando siendo jefe de los servicios de inteligencia del almirante Kolchak, la menciona en su libro “El hombre y el misterio en Asia”. Durante los días más crudos de la guerra civil, según Ossendowski, ella había cruzado Siberia, “sin detenerse en Omsk, la más popular y simpática de las hijas del Zar, la Gran Duquesa Tatiana.” Estos rumores fueron muy populares en aquellos años y aún más después del asesinato de la familia imperial en  Ekaterinburg, como el mito de la Gran duquesa Anastasia que se descubrió su fraude como todos sabemos.

Tras la derrota de Kolchak en 1920, Ossendowski y un grupo de polacos y rusos blancos en un intento de llegar a la India británica iniciaron su huida desde Krasnoyarsk, antigua capital del Yenissei, actual Distrito Federal de Siberia, y cruzaron la frontera mongola para llegar a una zona seudo-segura, controlada por el militar blanco barón Roman Ungern von Stenberg, apodado el barón loco por sus excesos, quien creía ser la reencarnación del propio Genghis Khan.

Las hijas del Zar en 1906, de izda. dcha.: Olga, Tatiana (Ossendowski cree haberla visto durante su huída), María y Anastasia, quien también se creería a salvo de la revolución.
El asesinato de la familia imperial fue un crimen injusto producto de la escasa visión política del Zar y de la brutalidad de la Revolución de Octubre.

Aunque posteriormente se arrepentiría, se unió a las tropas del barón, donde se cree que realizó tareas de inteligencia; gracias a los viajes que pudo realizar se fue imbuyendo de la filosofía budista mongola y tibetana. Hacia finales de 1920 llegó a Japón y Estados Unidos en misión diplomática, nunca volvió a Asia y en Nueva York trabajó para la inteligencia polaca.

En 1921 apareció la primera edición en inglés de Bestias, Hombres y Dioses, en el cual describe las peripecias de su escape de los comunistas a través de la taiga, el libro se transformó rápidamente en un best seller.

Tras un año de permanencia en Estados Unidos volvió a Polonia donde dio clases en la Escuela Superior de Guerra y en la Universidad de Varsovia, asimismo continuó como asesor del gobierno como sovietólogo.

 

En cuanto a su labor literaria se lo reconoce como unos de  los creadores de la novela de viajes, escribió más de 70 libros que fueron traducidos a 20 idiomas y por tanto es el autor más reconocido de su patria después de Henryk Sienkiewicz. Tres de sus libros fueron llevados a la gran pantalla en Polonia cuando estalló la guerra.

Durante la guerra tomó parte muy activa en la defensa de Polonia contra los alemanes y en especial en el levantamiento de Varsovia, donde los rusos esperaron quedadamente a que los nazis acabaran con todos los sublevados en vez de ayudarlos; recibió múltiples he

La guerra civil en Siberia tomó un cariz más violento que en otras partes, dada la soledad de sus parajes y la escasez de testigos.

ridas y aunque fue trasladado a Milanówek un suburbio de Varsovia, falleció el 3 de enero de 1945.

El Zar Nicolás II careció de la visión política necesaria para su tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

El 18 de enero el Ejército Rojo tomó esta población y buscó encarnecidamente a Ossendowski por considerarlo un enemigo del pueblo. Cuando los agentes de la NKVD (anterior a la KGB) se enteraron de su muerte desenterraron el cadáver para constatar su identidad, más tarde los comunistas prohibieron sus libros y condenaron su imagen, pero en 1989 fue reivindicado por sus luchas a favor de las libertades y en contra del zarismo, comunismo y el nazismo.

 

Su legado

Este escritor y trotamundos, compatriota de Conrad, nos dice en Asie Fantome, a travers la Sibérie Sauvage, que “éstos son los decretos del destino: las pistas seguidas por los polacos se encuentran por todos los rincones del globo”. Sus observaciones están prendidas por el fuego del saber que tanto se afincó en los hombres del XIX y comienzos del XX. En su obra encontramos las referencias a la Ley de la pradera o la de Genghis, donde todo tenía cabida en un mundo casi primigenio.

Uno de los frutos de la taiga ha caído.

Los pasos de montañas hacia la India británica fueron la obsesión de Ossendowski en su huida de los progroms.

 

 

 

 

 

 

 

La búsqueda de restos arqueológicos y la caza son una constante en su obra; armado de una escopeta Lepage, una pistola Mauser modelo 1896 y un fusil Mosin-Nagant del ejército ruso nuestro hombre se adentró en terrenos desconocidos donde el enemigo se encarnaba, a veces, en dos y a veces en cuatro patas. En estos viajes épicos se encontró con el naturalista inglés Peacock, quien había cazado en los lugares más recónditos de Siberia. De su paso por el Amur, Manchuria y el delta del Ussuri nos quedan páginas brillantes, donde los encuentros con tigres, jabalíes y grandes osos nos llenarán de emoción y de cómo preparaba la munición de guerra para poder abatirlos al cortar la punta metálica del proyectil blindado. También tuvo que comerciar con pieles para poder seguir su camino hacia la libertad, hallando en su camino hombres primitivos, a veces crueles que alternaban su humor con la variabilidad del viento.

Los pocos pueblos de la taiga que conoció Ossendowski vivían inmersos en la soledad más absoluta.

Bestias; Hombres y Dioses lleva en su último capítulo una incógnita, pues nos habla del reino subterráneo de Agarthi y esto despertó entre los grupos esotéricos de los años 20 y 30 un verdadero furor, entre los creyentes de esta leyenda se encontraba Himmler. Pero, más allá de todo, este libro fue el numen que 30 años después me llevó, en 2004, a Mongolia; aún recuerdo la cara de sorpresa de Batzorig, nuestro PH, cuando le hablaba del “barón loco” Roman Nickolai Maximilian Ungern von Stenberg (1875 – 1921) o del Bogdo Khan.

Esta foto fue tomada durante la Segunda Guerra Mundial y se lo ve con su familia.

También gracias a este libro supe llamar la atención de un cazador ruso en una cacería en Argentina cuando hice fuego como lo hacen en la taiga, es decir, partiendo un tronco mediano en dos y metiendo virutas en su interior para que éste corra por en medio y que a medida que se necesita más fuego simplemente se acercan los dos trozos.

En todas las obras de Ossendowski se encuentra el amor a la naturaleza y a la libertad, por tanto si encuentra cualquier de ellas: En tierra de demonios, Leonas del Rift, Geishas del Japón: historias de Amor y Coraje, no dude lo deleitará por su visión de hombre culto y cazador.

Saúl Braceras   

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