Facocheros en Mauritania

Entre los tres cazadores cobramos 38 ejemplares en tres días

En la subasta de la cena del Safari Club Internacional, en ocasión de la feria Cinegética 2017, se presentó una cacería de facocheros en Mauritania, generosamente donada por Sahel Safaris. Éste es un destino que siempre me había fascinado, ya que se trata de una parte de África desconocida para mí, donde mi padre, Sergio, y varios amigos, habían cazado con éxito. Con un poco de suerte acabé ganando la subasta. Al rato ya se habían unido Sergio y otros comensales y estábamos planeando fechas y vuelos para noviembre del mismo año. Habíamos formado un grupo de tres cazadores: José María, Rodrigo y yo, y Sergio como acompañante (no se lo cree nadie).

Quedamos en encontrarnos todos en Casablanca, con buena conexión con Nuakchot, la capital de Mauritania para seguir juntos hasta nuestro destino. Al final, Rodrigo no pudo unirse a nosotros para este viaje, aunque esperamos contar con él en alguna próxima aventura. José María llegó a Casablanca con Luis, que se había unido al grupo y resultó ser un señor con mirada viva y sonrisa fácil, que a Sergio y a mí nos cayó bien inmediatamente.

Después de solo cuatro horas de vuelo estábamos en Mauritania. Este viaje tan corto para una aventura en África no lo había esperado, acostumbrada a vuelos y traslados mucho más largos y tortuosos.

Nuakchot es una ciudad del desierto, una mezcla de personas, animales, vehículos, casas bajas y polvo.

Llegamos a Nuakchot, donde nos esperaba Taleb, con su español impecable, para ayudarnos con los trámites aduaneros relacionados con la importación de los rifles. Era casi medianoche. Me quedé sorprendida a descubrir que el aeropuerto se encuentra muy lejos de la ciudad, en medio del desierto, conectado con una autovía novísima con iluminación solar. En el viaje hacia el hotel, Taleb nos explicó que Mauritania tiene en este momento una gran expansión económica. Entre otras cosas, en el desierto se ha descubierto oro y petróleo que atrae siempre inversiones extranjeras. Por lo visto, ha aumentado también el número de residentes extranjeros.

Llegamos al hotel y nos fuimos directamente a descansar para estar preparados para el viaje en coche hasta la zona de caza a la mañana siguiente. Nos encontramos todos para el desayuno alrededor de las ocho y nos preparamos para salir hacia el campamento a las nueve. Sahel Safaris tiene dos campamentos para la caza de facocheros, uno pegado al río Senegal y a la frontera con el homónimo país, y otro más lejano e interior. Nosotros nos estábamos dirigiendo al primero, a unas dos horas y media de coche desde la ciudad. Para el traslado se utilizaron dos Toyota Hilux que ofrecen la máxima comodidad, considerado el mal estado de las carreteras.

Tortuga de espolones africana, Centrochelys sulcata.

Tuvimos poco tiempo para mirar al nuestro alrededor, pero la primera impresión de Nuakchot es la de una ciudad del desierto, una mezcla de personas, animales, vehículos, casas bajas y polvo. Antes de salir de la ciudad pasamos a recoger unas últimas cosas y Taleb nos enseñó un criadero de tortugas. Por lo que conseguí entender,  se trata de la tortuga de espolones africana, Centrochelys sulcata, y las crías, cuando llegan a la edad apropiada, se sueltan otra vez en la naturaleza como parte de un programa de repoblación. Durante el viaje tuvimos tiempo para mirar un poco a nuestro alrededor y espiar algún momento de la vida diaria de la gente local. Los hombres llevan las típicas telas por encima de la ropa, generalmente blancas y azules, y turbantes, mientras las mujeres van cubiertas con velos multicolores.

Mauritania es un país musulmán, pero por lo que vemos, al menos en la capital, es un Islam moderado con respecto a las mujeres, que conducen, trabajan y llevan el rostro descubierto. Cuenta con unos tres millones de habitantes, dos de ellos concentrados en la capital y sus alrededores y un millón distribuido por resto del país, con una superficie casi del doble de España, mayormente cubierta por el desierto de Sahel.

Los camellos conviven con los facocheros.

Saliendo de la ciudad nos dirigimos hacia el sur, en dirección de la frontera con Senegal. La carretera es buena solo en un breve tramo inicial, mientras por el resto está bastante mal, derrumbándose bajo los efectos implacables del sol y de las arenas  y con controles policiales, que se hacen más frecuentes mientras nos acercamos a la frontera. La vegetación es inicialmente baja y se alterna con dunas de arena, mientras se vuelve más alta y más verde avanzando hacia el sur. Los pueblos consisten en construcciones bajas con techo plano, del mismo color de las arenas que las rodean, y de tiendas. Alrededor de la capital hay poca agricultura. La gente mayormente tiene camellos, cabras y una variedad de ovejas sin lana, que pastorean libremente por todos lados.

Por momentos no podíamos verlos, escondidos entre las hierbas.

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin previo aviso, nos encontramos con arrozales a lo largo de la carretera y supimos que ya estábamos cerca del río Senegal y de nuestro destino de caza. En pocos minutos más llegamos al campamento donde nos esperaba Federico quien nos presentó al equipo del campamento, indicándonos cuáles eran nuestras tiendas para refrescarnos antes de comer y salir a cazar. Yo no pude traer mi rifle en este viaje, y Federico me tenía preparado un .30-06 con suficientes balas. Muy pronto estuvimos listos y salimos con tres coches, Sergio y yo con uno y José María y Luis con los otros dos.

La zona de caza es de llanuras inmensas, recubierta de arrozales antiguos y activos. Una parte corre a lo largo del dique del río Senegal, mientras otras están más lejos del agua, con vegetación más alta. La cacería se organiza por diferentes partes de la concesión, a rotación, de manera que cada cazador del grupo tenga las mismas posibilidades. La cantidad de facocheros en la zona es impresionante. Es fácil verlos por todos lados, aunque ellos también tienen una buena visión y en zonas abiertas hay que emplear una buena estrategia para acercarse a la distancia de tiro, especialmente con animales grandes y con buen trofeo, ya que son muy listos. Por ello es necesario tener mucha paciencia y algunas veces también disparar lejos o en movimiento.

Empezamos a verlos nada más salir del campamento: hembras, jóvenes y machos de varias edades y tamaños. En esta zona de Mauritania son los únicos animales de caza mayor que hay, excluyendo a los chacales y gatos silvestres, ya que los locales por sus costumbres no los cazan para consumo, sino para limitar los daños que producen en los arrozales.

Es increíble la cantidad de ejemplares que pudimos ver… y cazar.

 

 

 

 

 

 

 

 

En el desierto del Sahel, al norte y en la parte central del país, quedan todavía pocos ejemplares de gacela de Dorcas, mientras otras especies de gacela y antílope, que históricamente poblaban el área, han sido prácticamente extinguidas, en parte por el avance del desierto y la escasez de agua, y en parte debido a la caza para consumo de su carne sin control alguno en los tiempos pasados. Ahora, las gacelas que quedan están bajo un programa de protección y repoblación.

La cantidad y la calidad de los animales es tanta que ya en la primera tarde acabamos con mi cuota de la donación que incluía tres facocheros. Jose María y Luis también volvieron con éxito y yo me fui dando cuenta de algo que los demás ya sabían por haber cazado aquí antes: que el número y la calidad de animales son tan altos que uno acaba cazando mucho más de lo planeado.

La autora junto a su padre, Sergio Dimitrijevic, y dos de los facocheros cobrados.

 

 

 

 

 

 

 

 

Unos buenos colmillos.

Decidimos dedicarnos a la actividad cinegética los próximos dos días y solo la mañana del tercero, para volver a Nuakchot a tiempo para visitar el mercado del pescado, un espectáculo de barcos llegando a la orilla llevados por las olas del océano Atlántico para descargar su captura del día que de allí se exporta a toda Europa, y para tener tiempo de comprar algún recuerdo del viaje.

Cazamos por las mañanas y por las tardes, volviendo al campamento para el almuerzo y para la siesta. El cocinero del campamento es excelente y nos preparaba platos de gran calidad, incluido el facochero cazado por nosotros. Las comidas las acompañamos con cerveza sin alcohol, ya que el alcohol está prohibido en todo el país y tampoco es posible llevarlo desde Europa. Para la cena del último día comimos langosta, un verdadero banquete.

En los próximos dos días fuimos cambiando zonas y cazando con tres coches como en la primera tarde. En algunas partes de la concesión hay que tener mucho cuidado por la presencia de personas, muchas veces ocultas por la vegetación. Por todas partes hay también cabras y camellos.

Encontramos los esqueletos de once facocheros, entre machos y hembras, disparados para proteger los arrozales, abandonados al sol y a los chacales.

Sufrimos calor y fallos, pero tuvimos algún momento de gloria con tiros en movimiento de manual. Al final, entre tres cazadores y Sergio como acompañante (ja-ja), terminamos nuestra cacería de tres días con 38 facocheros entre los tres, un resultado absolutamente asombroso.

Treinta y ocho facocheros entre los tres cazadores cobrados en tres días.

Tal como teníamos planeado, llegamos de vuelta a Nuakchot a tiempo para ver regresar el último barco al puerto pesquero, con una maniobra asombrosa por su equipo para evitar las olas del océano. Estas embarcaciones están pintadas con colores vivos en contraste con las interminables arenas de este país. Visitamos también la parte cubierta del mercado donde nos explicaron los detalles del comercio y de la exportación del pescado de Mauritania, con su enorme riqueza en tema de pesca. Para terminar nuestra aventura, Taleb nos llevó a un restaurante donde después de una cena riquísima a base de pescado, terminamos oficialmente este viaje, planeando ya la próxima aventura.

Antes de regresar, fuimos al puerto para ver la llegada de los pesqueros.

Sonja Dimitrijevic

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