El Tomahawk como arma de guerra

De la jungla vietnamita al desierto iraquí

La guerra de Vietnam (1955-1975), en la que se enfrentaron dos bloques ideológicos completamente antagonistas, no sólo fue una de las más impopulares de la historia, sino que también se convirtió en uno de los conflictos bélicos más sanguinarios y crueles de la era moderna.

Gran parte de culpa de todo ello la tuvo la experimentación durante todos los años que duró la guerra con diferentes tipos de armas, desde las devastadoras químicas y biológicas, con el temido agente naranja a la cabeza; hasta las de fuego real, con el destructor napalm como principal referente.

Este particular campo de pruebas en el que con el paso de los años acabó convirtiéndose este histórico enfrentamiento entre comunismo y capitalismo (el primer de ellos representado por el VietCong, en apoyo a Vietnam del Norte o la República Democrática de Vietnam), propició por tanto la emergencia de nuevos diseños y tipos de armas, así como también la recuperación de otros formatos olvidados en el tiempo. Es el caso del Tomahawk, una antigua hacha de guerra originariamente usada por los nativos del oeste americano y los primeros colonos europeos en dicho continente.

En manos de los soldados estadounidenses, quienes se convirtieron en la principal fuerza beligerante del otro bando, el capitalista o el de apoyo a Vietnam del Sur, el Tomahawk retomó su eficacia y letalidad como arma arrojadiza, ofreciendo a los miembros del Ejército estadounidense una herramienta de gran ayuda para el combate en la densa y siempre peligrosa jungla vietnamita.

 

Cual ave fénix

En su diseño del Vietnam Tomahawk, LaGana puso especial énfasis en la terminación en forma de pico de la cabeza del hacha. El objetivo era aumentar su capacidad de penetración

Pero, ¿cómo llegó el Tomahawk a manos de los militares norteamericanos desplegados en Vietnam más de un siglo después de su nacimiento? La respuesta recae en la figura de un ex combatiente estadounidense, Peter LaGana, quien tuvo la genial idea de recuperar esta histórica hacha de guerra. A mediados de la década de 1960, el sargento estadounidense Robert H. Fenell planteó al Departamento de Defensa de su país la necesidad de contar con un arma blanca arrojadiza que tuviera un rendimiento superior a la clásica pala de combate y que sirviera para equipar a todo el cuerpo de Marines (USMC) en general, y a la unidad de fuerzas especiales de los Boinas Verdes, en particular.

El encargado de llevar a cabo este desarrollo fue Peter LaGana, un ex soldado que había combatido en la Segunda Guerra Mundial y que ya contaba con cierta experiencia previa en el manejo y la lucha con el Tomahawk. LaGana acabó diseñando el popular Vietnam Tomahawk, una renovada versión de esta mítica hacha de guerra que empezó a fabricarse en masa bajo su propia compañía American Tomahawk. De aquí surgieron unos 4.000 Tomahawk con destino a la jungla vietnamita, aunque como curiosidad, los Vietnam Tomahawk nunca se convirtieron en equipamiento de dotación oficial del US Army, sino que los soldados que los disfrutaron en la selva del país asiático tuvieron que costearse su adquisición de su propio bolsillo (por aquel entonces, unos 10 dólares).

La principal aportación de Peter LaGana a la evolución del Tomahawk reside en el rediseño de su pico, acabado en punta para favorecer una mayor penetración. La increíble capacidad destructiva de esta arma blanca propició que fuera muy temida por los integrantes del VietCong, quienes habitualmente sufrían durísimas mutilaciones al enfrentarse a su poderoso filo. El Vietnam Tomahawk original, también conocido con el sobrenombre de “Laganhawk”, y que fue utilizado en el campo de batalla del país del sudeste asiático entre 1966 y 1974, estaba montado sobre una cabeza de acero al carbono 1060, con una dureza de 52-54 RC. La empuñadura era una sencillo mango de madera de nogal, que le aportaba el deseado equilibrio al arma, y que además favorecía su manejo y lanzamiento contra cualquier objetivo.

 

Origen indio

El ex soldado estadounidense Peter LaGana en una antigua demostración de la efectividad del Tomahawk como arma de combate

El miedo que el Tomahawk despertó entre las tropas del VietCong podría equipararse al que muchos años atrás experimentaron los miembros del 7º Regimiento de Caballería, sin duda uno de los cuerpos militares más famosos de la historia del Ejército de Estados Unidos. Su destacado papel y sus continuas batallas en pos de la conquista del Oeste americano durante el pasado siglo XIX se llevaron a la gran pantalla en multitud de ocasiones. Sus principales antagonistas, las tribus indias de sioux, cheyennes o arapahoes, gozaban de un enorme respeto entre los soldados del 7º de Caballería, sobre todo por culpa de una de sus míticas armas blancas: el citado Tomahawk. Esta especie de hacha, en manos de un adiestrado guerrero indio, podía causar estragos en el bando enemigo, ya que podía utilizarse tanto en un combate cuerpo a cuerpo, como a modo de arma arrojadiza. En este último terreno las tribus indias tenían una especial habilidad, y es que a lomos de sus veloces caballos eran capaces de lanzar el Tomahawk con tanta precisión y eficacia que solía provocar numerosas bajas en las filas del Ejército estadounidense.

Actualmente, varias unidades operativas del Ejército de Estados Unidos destacadas en Irak y Afganistán han recibido diversos tipos de hachas Tomahawk como armas de dotación oficial

Los primeros Tomahawk de los que se tiene constancia tenían hojas de piedra, aunque pronto empezaron a utilizarse otros materiales de superiores características, como el hierro o el bronce. A pesar de esta lógica evolución, también se tiene constancia de diferentes Tomahawk más rudimentarios cuya cabeza estaba elaborada con la esquelética quijada de un caballo. La mayoría de estas hachas de guerra contaban con un pequeño mango de madera de unos 50-60 cm de largo, mientras que su cabeza presentaba diferentes diseños. Por una de las caras presentaba el clásico diseño de hacha, con la hoja bastante afilada y cuya función principal era la de cortar casi cualquier superficie que se cruzara en su camino; mientras que en el otro extremo se podía encontrar desde un diseño más puntiagudo, a modo de cuchillo y que se podía clavar fácilmente; hasta uno más redondeado que podía hacer las veces de martillo y cuya función era más bien la de golpear. Como arma de guerra o de combate, el Tomahawk está considerado como de corto o medio alcance, con una gran efectividad si se maneja con cierta destreza y su usuario tiene un entrenamiento adecuado. De hecho, basándose en su alta velocidad y la fuerza de su impacto, podría afirmarse que el Tomahawk es prácticamente ineludible en lanzamientos de hasta 3 metros de distancia, llegando a considerar que sólo podría esquivarse a partir de una distancia de 7 metros.

La mayoría de usuarios de estas hachas de guerra decoraban sus propios Tomahawk con pequeñas piedras de plata, plumas de aves, y demás elementos decorativos que hacían de sus armas una herramienta totalmente personalizada. En determinadas ocasiones incluso, estos Tomahawk decorados solían regalarse al jefe de la tribu o a alguna personalidad respetada dentro del grupo tribal. En este sentido, además de un evidente componente bélico, el Tomahawk también representaba un importante factor social. Sobre todo, aquellos Tomahawk que se utilizaban también como pipas de la paz (con el mango completamente hueco en su interior). Compartir y fumar a través del Tomahawk simbolizaba la paz entre dos pueblos enfrentados. Otra curiosidad relacionada con el Tomahawk es que la popular frase “enterrar el hacha de guerra” está muy vinculada a esta arma blanca. Y es que cuando tras una dura batalla, dos pueblos indios se declaraban la paz, el símbolo que se utilizaba para refrendarla eran dos Tomahawk debidamente consagrados y que se enterraban en un lugar sagrado.

 

El Tomahawk táctico

El Tomahawk no sólo es una excelente arma de ataque, sino que en el campo de batalla también puede ofrecer un óptimo rendimiento si se utiliza como hacha o herramienta de corte

A pesar de ser un arma muy tradicional, con prácticamente 200 años de historia, en los últimos tiempos el Tomahawk ha conseguido volver a la primera línea de las armas de guerra. Y lo ha hecho gracias a un nuevo programa de equipamiento profesional promovido por el Pentágono y destinado a lo que desde Estados Unidos se conoce como el “soldado del siglo XXI”. Dentro de este programa de material y equipamiento básico para el soldado del futuro se ha decidido incluir al Tomahawk como arma blanca de dotación oficial. Y lo ha hecho a través de varias compañías norteamericanas que, en los últimos años, han lanzado al mercado renovados diseños de esta mítica arma blanca. Entre las firmas más conocidas se encuentran la casa SOG Knives, la no menos popular Cold Steel y la más exclusiva RMJ Tactical. También forma parte de este proceso rejuvenecedor del Tomahawk la legendaria American Tomahawk Company, la compañía creada a mediados de la década de 1960 por Peter LaGana y que desde hace aproximadamente una década ha revitalizado este mítico diseño. Muchas de las hachas Tomahawk salidas de estas fábricas ya se han podido ver en manos de soldados estadounidenses desplazados a diversos escenarios bélicos de la actualidad, como por ejemplo Irak o Afganistán.

Hoy en día, algunas de las marcas de cuchillería más prestigiosas del mercado, como Cold Steel o SOG Knives, también disponen de sus propias versiones del Tomahawk. He aquí un ejemplo, el Tomahawk SOG F01T

Los nuevos Tomahawk emplean materiales mucho más sofisticados que los primeros modelos de piedra o de esqueleto de caballo. Estos cambios se plasman tanto en el material con el que están fabricadas sus hojas (acero forjado y mecanizado de gran dureza), como en el que presentan sus mangos (polímeros y nylon de gran resistencia). Aunque hay un elemento que se mantiene intacto respecto a los primitivos Tomahawk usados por los nativos americanos: su incuestionable efecto intimidador. Los Tomahawk tácticos del siglo XXI también ofrecen nuevas soluciones con respecto a los diseños originales. Estas se plasman por ejemplo en la inclusión de un pequeño filo serrado en la cabeza del hacha, o la apuesta por un mango más ergonómico y adaptado a los nuevos tiempos, como el que presenta la espectacular versión creada por Max Fuchs en su edición limitada de cuchillería táctica Operation Tomahawk Thonar. Todos ellos tienen como principal propósito seguir mostrándose como un arma blanca tan eficaz para el trabajo de campo, como letal en la lucha cuerpo a cuerpo. En definitiva, una perfecta herramienta de guerra para los conflictos bélicos del futuro.

P.M.M.

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