Vittorio Sella

“Las bellas regiones de los cielos”  V.S.

Nuestro hombre nació en Biella, Italia, el 28 de agosto de 1859, a los pies de los Alpes. Su pasión por la aventura lo llevó a las cumbres cercanas de la mano de su tío Quintino Sella, estadista y fundador del Club de Alpinismo Italiano, y allí encontró dos de sus pasiones: La fotografía y la caza.

Su padre, científico e industrial, había escrito un tratado sobre la fotografía, por tanto, desde niño sintió esta pasión por retratar el mundo que lo abarcaba. En 1879 fotografió por primera vez el monte Mars, en los Alpes Occidentales. A partir de entonces se dedicó a fotografiar la cadena montañosa de los Alpes.

Vittorio Sella (en medio) en la expedición del Cáucaso de 1889, armado con su rifle express de martillos calibre .500 de pólvora negra fabricado por Thomas Bland

Su vida fue un viaje constante por América, Asia y África en busca de las cimas más altas y de sí mismo. Supo captar como nadie lo había hecho hasta entonces la esencia de las montañas, su gente y su fauna.

Como todo hombre de acción de su época, cultivó su espíritu y su cuerpo en todas las disciplinas de las que podía echar mano según las circunstancias: de la esgrima al tiro deportivo y la caza.

Era reconocido como un eximio tirador y, de hecho, esta habilidad le hizo obtener trofeos de caza muy raros para su época, como así carne fresca para variar la dieta durante las estancias en campamentos base o a baja cota. Rápidamente se granjeó una buena reputación como alpinista, pues fue el primero en alcanzar las cumbres del Matterhorn y el Monte Rosa en invierno. También hizo la primera travesía invernal  del Monte Blanco.

 

Su equipo

La gran calidad de su fotografía se debió a que utilizaba una aparatosa cámara con placas de 30×40 cm. De hecho, con gran conocimiento técnico había modificado muchas de las cámaras fotográficas que utilizaba, pues sabía perfectamente lo que deseaba que éstas le dieran en sus viajes.

Otra de sus invenciones fueron las cajas para transportar en caballerías las frágiles placas de cristal con que hacía sus fotos.

La mayoría de sus imágenes eran tomadas en las grandes altitudes de las montañas que escalaba, como por ejemplo en el glaciar de las montañas Ruwenzori de África Central. Siempre le acompañaba un rifle Vetterli-Vitale modelo 1887, un fusil de cerrojo dotado de un cargador de petaca, calibre 10,4×47 R adoptado por el Ejército Italiano. Utilizaba un proyectil totalmente encamisado de 313 grains y su propelente era pólvora sin humo, lo cual demuestra lo adelantado que estaba con respecto a otros cartuchos reglamentarios, su velocidad inicial era de 1.345 pies/segundos.

Su inventor fue Friedrich Vetterli, también conocido como Frédéric, nacido en 1822 que trabajó en su país natal, Suiza, como aprendiz de varios armeros. Posteriormente se trasladó a París y Saint Etienne. Fue nombrado Director del arsenal suizo de S. I. G. en Nuehausen, hacia 1860. Diseñó el fusil homónimo de cerrojo en 1865, que primeramente fue monotiro y posteriormente utilizó un cargador tubular. El cerrojo estaba inspirado en el Dreyse y el cargador en el Henry. Fue recamarado a varios cartuchos de fuego anular en un comienzo y después a central, adoptado por varios países, entre ellos Suiza en 1869 e Italia en 1870. A continuación y como casi todas las armas de reglamento, se hicieron varios cambios y/o transformaciones dando lugar al modelo Vetterli-Bertoldo modelo 1882, utilizado por la Marina Italiana. Vetterli-Ferraciú era una conversión del modelo 1882 con un cargador de petaca, se lo fabricó hacia 1890 y muy pocos ejemplares vieron la luz. La mayoría de estos rifles sirvieron durante muchos años, tanto en Suiza (hasta la adopción del Schmidt Rubin) como en Italia hasta la aparición de los Carcano. No obstante, durante la Primera Guerra Mundial muchos fueron recamarados al cartucho 6,5 italiano y volvieron a filas.

El cartucho utilizado por Sella era, como dije,  el 10,4×47 R, que si bien tenía una trayectoria muy parabólica, era de una precisión fuera de lo común para su época. Éste le permitió hacerse con varios osos en el Cáucaso, como también íbices y grandes jabalíes.

También poseía un rifle express de martillos calibre .500 de pólvora negra Thomas Bland y una escopeta del calibre 16 de fabricación italiana. Estas dos armas junto con el Vetterli-Vitale eran compañeras obligadas en sus viajes.

lpinismo y caza fueron el motor de sus viajes. Eran las grandes montañas, donde la caza residía en sus valles y alternaba las escaladas con experiencias cinegéticas. A través de los años participó en varias  expediciones, incluyendo tres al Cáucaso, cuyo pico actualmente lleva su nombre. Auqellas tuvieron lugar durante 1889, 1890 y 1896. Allí se quedó prendado del cruce de culturas que significa dicho nudo geográfico, donde las influencias europeas y asiáticas se tocaban a la vez que las cristianas y musulmanas. Para entonces debemos tener en cuenta que esta región era una de las más atrasadas de Europa, en donde no faltaba nada, desde bandolerismo a trata de esclavos.

El Imperio zarista había arrebatado gran parte de esta región al otomano; por tanto, Sella encontró una mezcla de culturas que iban desde el bizantino a la eslava.

El bosque mixto del Cáucaso es una ecorregión de la ecozona paleártica que ocupa la cordillera del Cáucaso. Es muy extenso y entra en la categoría de bosque templado que ocupa 170.300 kilómetros cuadrados entre el sur de la Rusia europea, gran parte de Georgia, el noreste de Turquía, el este de Armenia y el oeste y el norte de Azerbaiyán.

Es una región con una gran biodiversidad, debido al gran conjunto de hábitats y a que se encuentra en el límite entre tres provincias biogeográficas: Europa Central, Asia Central y Oriente Próximo. Esto da cobijo a más de un centenar de mamíferos y muchos de ellos son de gran talla, como los osos.

Sus expediciones le supusieron el reconocimiento del gobierno ruso y de la Royal Geographical Society británica.

De este modo, sus ansias de aventura lo llevaron en 1897, al Nuevo Continente en la expedición de Luigui Amedeo de Saboya, duque de los Abruzzos, con objetivo de escalar el monte San Elías en Alaska y ahí pasó a Canadá, donde abatió varios Grizzlies y dos alces. Es notable, pero con las características balísticas del 10,4×47 R, hoy no nos atreveríamos a disparar sobre estos animales, pero en aquél entonces, casi todo valía. También está la versión de que utilizó armas de la zona, de ser así, para ese entonces ya había rifles Winchester de gran calibre y en un plano más económico y al alcance de tramperos estaban los Martini-Henry calibre .577-.450 homónimo de gran potencia.

En 1889, en compañía del inglés Douglas W. Freshfield, futuro presidente de la Royal Geographical Society y primer montañista que escalaría el monte Elbrús, y su hermano Herminio, visitó Sikkim.

El próximo paso fue, en 1906, el Continente Negro, las montañas Ruwenzori en África Central, nuevamente en compañía del duque de los Abruzzos. Esta cadena, oficialmente conocida como Rwenzori (desde que en 1980 se renombró para parecerse más al nombre local) es una pequeña cordillera de África situada en la frontera entre Uganda y la República Democrática del Congo, que llega hasta los 5.109 m en el pico Margarita (Monte Stanley), lo que le hace ser la tercera cumbre de África después del Kilimanjaro y el monte Kenia. Es unas de las pocas cadenas montañosas de África con glaciares, junto con el Kilimanjaro y el monte Kenia.

Su nombre fue corrompido debido a la mala pronunciación de su «descubridor», y por lo tanto carece de significado alguno. El nombre por el que era y es conocido por sus pobladores es Rwenjura y significa «hacedor de lluvias», pues estas montañas reciben aproximadamente 1990 mm. de agua, dando lugar a numerosas corrientes, algunas de las cuales alimentan al Nilo Blanco.

En 1909 tomó parte en la expedición al K2 en el Karakorum. Las últimas expediciones las hizo en compañía del Luigi Amedeo, Duque de los Abruzzos. El K2 (también conocido como Chogori/Qogir, Ketu/Kechu, y Monte Godwin-Austen) es una montaña perteneciente a la cordillera del Karakórum. En la zona del Himalaya, con 8.611 metros, el K2 es la segunda montaña más alta de la Tierra tras el monte Everest (8.848 msnm.) y, posiblemente, la más difícil de escalar junto con el Annapurna y el Nanga Parbat.

Se halla en la frontera entre Pakistán (la vertiente sur, perteneciente a Gilgit, en los Gilgit-Baltistan, antes Territorios del Norte), la zona de Cachemira administrada por éste país (situada al norte del glaciar Baltoro) y China (la vertiente norte, perteneciente al condado autónomo de Tashkurgán de la prefectura de Kashgar, en la Región Autónoma Uigur de Sinkiang). Es destacable que en la actualidad India también reivindica la región, considerando que el K2 está íntegramente en su territorio.

Este macizo es conocido como la montaña salvaje debido a la dificultad de ascenderla y por ser la segunda en porcentaje de fatalidades entre los “ochomiles” para aquellos que lo escalan, después del Annapurna. Si en la actualidad, por cada cuatro personas que han alcanzado la cumbre, una ha muerto intentándolo, podemos imaginarnos en la época de Vitorio Sella lo que suponía intentar hacer cumbre.

Su última expedición fue al Matterhorn en 1919 y la llevó a cabo con sesenta años, desgraciadamente no pudieron coronar porque el guía tuvo un accidente grave.

El 12 de agosto de 1943 falleció en su ciudad natal, Biella, a pocos días de cumplir 84 años.

Saúl Braceras

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