La amplia familia de los calibres 9,3 al día

Ideas generales sobre los posibles resultados contra animales de gran tamaño y las especies peligrosas africanas

Antes que nada hay que aclarar que de los muchos cartuchos creados a lo largo de los años en el calibre 9,3, solo cuatro de ellos permanecen vivos en la actualidad, con el resto de sus parientes en el panteón del olvido, pues desaparecieron de los campos de caza hace muchos años por diversas razones, los cuales se citan a continuación para que todo el mundo sepa cuáles son y no cometan el error de adquirir un arma de uno de esos calibres obsoletos y totalmente fuera de época. Los “difuntos” 9,3 son todos de nacionalidad alemana, no incluido por tanto el 9,3×53 Swiss, que se utilizaba principalmente en Suiza para los campeonatos de tiro al blanco y no para la caza. Los alemanes, ya fuera de uso desde hace mucho tiempo, son el 9,3x48R; 9,3x57R; 9,3x70R; 9,3×72 R; 9,3x80R; 9,3x82R; 9,3×57 Mauser; 9,3x65R Collath; 9,3x72R Sauer y 9,3×53 R Habler, en total diez “difuntos” cuyas municiones ya no se cargan comercialmentem, a excepción del 9,3x72R por Sellier & Bellot, solo por algún aficionado a la recarga manual, pero con una amplia pérdida de tiempo, pues sus balísticas están más que súper-superadas por sus presentes parientes de la saga de los 9,3, como son el 9,3×62: 9,3×64; 9,3×74 R, junto con el último introducido por la compañía Sako en Finlandia, el 9,3×66 Sako, por lo que nos centraremos exclusivamente en estas notas en los últimos cuatro calibres referidos, olvidándonos completamente del resto por no existir más sus municiones, además de ser  netamente inferiores en sus datos balísticos y de pobres resultados prácticos.

Comparativa de izda-dcha.: .360 de pólvora negra, 9,3x51Braceras, 9,3×62, 9,3×64, 9,3x72R y 9,3x74R.

Quisiera aclarar que en este artículo se intenta, o pretende, dar unas ideas generales sobre los posibles resultados contra animales de gran tamaño y las especies peligrosas africanas y no para la persecución de las menores que se pueden matar con cualquier cosa, con perdón sea dicho de los expertos de “cafetería” en balística, que enloquecen mirando datos de velocidades y energías, olvidándose que lo que mata de verdad es la bala en el sitio justo.

Comenzaremos el recorrido por los cuatro 9,3, siguiendo el orden en el que fueron apareciendo en el mercado de las armas para caza mayor a lo largo de los años.

 

9,3x74R

Comparativa de izda-dcha.: 9,3×62, 9,3×64 y .375 H&H Mg.

No se sabe la fecha exacta, pero sí que fue muy al principio de 1900, haciéndose muy popular hasta nuestros días y gozando del mayor aprecio entre los cazadores europeos que los utilizan en batidas, etc., pero  sorprendentemente nunca entró ampliamente en el mundo de la caza africana, quizás porque solo se empleaba en armas de dos cañones, de coste elevado y  no siempre al alcance del bolsillo de todo el mundo. Personalmente, nunca tuve uno de esos rifles de mi propiedad, pero sí utilicé bastantes prestados por amigos.

Cada cual cuenta las cosas según le van, unas veces por defecto y otras por exceso, lo cual, de acuerdo con mis experiencias, creo que en el término medio está la virtud, He cobrado unos cuantos leones y leopardos con este calibre, empleando la munición expansiva TUG de 286 grains (18,45 gramos) sin el menor problema, parando la carga de un leopardo herido a toda velocidad hacia mí, que aun me tocó con una de sus zarpas mi bota izquierda debido a la inercia, pero ya muerto.

Para los grandes antílopes como el eland, los alces americanos, osos, etc., es un cartucho excelente, pero sin que el entusiasmo nos nuble la vista, pues para el elefante, búfalo, rinoceronte e hipopótamo se queda corto en poder de parada, tan necesario en la persecución de estos animales. Cacé bastantes búfalos con él, siempre con proyectil blindado y disparos de costado, evitando tiros de fantasía experimentales, que suelen terminar en desastre total.

La comparación de las vainas entre el .30-06 y el 9,3×62 es evidente.

Un cazador sudafricano me contó que un amigo suyo, utilizando uno de estos rifles mató a un elefante con un tiro frontal y que la bala atravesó todo el cráneo, deteniéndose en el cuello. Tengo por norma no dudar de la palabra de un amigo, pero hay veces que la duda es mayor que mi buena voluntad de aceptar ciertos hechos. Este cartucho nunca se creó para cazar elefantes, si bien es posible que en disparos de costado al corazón con un buen proyectil blindado pueda matarlo sin problema, pero mucho me temo que en disparos frontales la cosa terminaría en rotundo fracaso. Su bala de 286 grains, que es la más pesada que utiliza (18,45 gramos) a una velocidad inicial de 2.360 pies por segundo (719 metros) y energía de 3630 libras/pies (488 kilográmetros) le falta potencia y penetración para ser un calibre seguro para tiros frontales a los elefantes.

Mi viejo amigo George Rushby, que fue un gran cazador de elefantes de la época dorada de los buscadores de marfil, y que luego entró en el Departamento de Caza de Tanganyika, realizando labores para reducir el número de animales problemáticos en diversas zonas, principalmente elefantes y leones, cuando tuvo que enfrentarse a una familia de leones devoradores de hombres en el distrito de Njombe, en el sur de Tanganyika, presente Tanzania, quienes entre la década de mediados de 1930 hasta 1946 mataron y devoraron unas 1.500 personas, pudiendo terminar finalmente con ellos Rushby y varios Game Scouts a su servicio, utilizando Rushby un express alemán del 9,3x74R, con munición TUG, que le dio magníficos resultados según me comentó varias veces, en lo que estoy plenamente de acuerdo con él, pues en mis más modestas experiencias con este calibre con los leones y leopardos nunca tuve problema. Por la razón que sea, siempre fue un calibre eminentemente europeo, extremadamente popular, y que fabricaron todos los armeros, incluidos los españoles que producen rifles del 9,3x74R, tan buenos como los mejores. Fuera de África tuve la oportunidad de utilizar uno de estos rifles en Polonia, cobrando dos bisontes europeos de forma impecable.

Es un calibre magnífico para todo si nos olvidamos de los elefantes, búfalos, rinocerontes e hipopótamos, ya que nunca se diseñó ni se pretendió que fuera a ser utilizado contra esos animales. Por favor, recuerden esto y no comentan imprudencias que podrían acarrear serios problemas a cambio de nada.

 

9,3×62

Un rifle atípico, un monotiro Anton Sodia en 9,3x74R.

Fue creado en 1905 por el armero alemán Otto Bock en Berlín quien, a la vista del éxito alcanzado por el nuevo 9,3x74R, intentó hacer algo similar pero en arma de repetición, utilizando el sistema Mauser, con la idea de que su adquisición estuviera más al alcance de todo el mundo, pues en aquellos tiempos Alemania tenía un gran imperio colonial en África, como Togo, Camerún, África Sur-Oeste Alemana, en el presente Namibia y África Oriental Alemana, actual Tanzania, donde los animales salvajes de todas clases abundaban de forma sorprendente. La idea de Bock fue crear un calibre que, más o menos, sirviera para todas las especies, ya que en las mencionadas colonias entre militares y granjeros había una gran cantidad de cazadores.

Sobre la marcha, Otto Bock igualó la balística del nuevo 9,3×62 Mauser con su hermano mayor, el 9,3x74R, pero utilizando un casquillo mucho menor, que permitía utilizarlo en la referida acción Mauser standard, lo que suponía una gran economía en el precio total del arma.

Cacé bastantes búfalos con el 9,3x74R, siempre con proyectil blindado y disparos de costado, evitando tiros de fantasía experimentales, que suelen terminar en desastre total.

Este nuevo cartucho demostró ser un magnífico calibre de todo uso, pero con ciertas limitaciones. Utilizando un proyectil de 286 grains (18,45 gramos) a una velocidad inicial de 2.360 pies por segundo (719 metros) y energía inicial de 3.544 libras/pies (490 kilográmetros), cubría perfectamente las condiciones necesarias normales de la caza, sin pretender hacer maravillas con los elefantes, búfalos, rinocerontes e hipopótamos que, al igual que el 9,3x74R los puede matar en disparos de costado, pero en cuanto a parar sus cargas queda por debajo del límite de completa seguridad, digan lo que digan los entusiastas teóricos.

Suelo leer algunas revistas sudafricanas donde, por lo visto, el asunto de la balística es el hobby nacional, y allí escriben unos y otros artículos basados en mucha teoría y poca práctica, sobre todo con las especies peligrosas mayores. Entre ellos vi unas notas de cierto señor “loco furioso por el 9,3×62 Mauser” quien, después de contar maravillas sobre él, comentaba cómo había cobrado un impala, un sprinbuck y un bleesbuck sin el menor problema, como si su 9,3×62 fuera el rayo de la muerte, pasando por alto que esos tres animalitos se pueden matar con cualquier cosa, desde un .22 Hornet o, como suelo decir, con el rabo de la escoba. Además, en sus ensueños, pretendía que el 9,3×62 era superior al .375 H&H Magnum, y disparates por el estilo. Que el 9,3×62 es un gran calibre,  no lo discute nadie y la prueba es que, después de 112 años de servicio, a pesar de las competencias surgidas a lo largo del tiempo, sigue siendo un magnífico cartucho en casi todos los sentidos y de uso común, con las lógicas limitaciones antes referidas. En las antiguas colonias francesas, el 9,3×62 se hizo también muy popular, así como en el Congo Belga, pero no demasiado en la parte británica, ya que estos preferían los calibres creados por los armeros ingleses.

Si no piensan hacer disparates y utilizan el 9,3×62 con sentido común, verán que es un calibre magnífico, a pesar de ser ya un honorable centenario, lo cual es su mayor garantía de efectividad.

Entre los destacados cazadores que utilizaron este calibre con gran éxito está mi viejo y desaparecido amigo Otto Krohnert, quien operó en la zona de grandes selvas ecuatoriales de Congo, Gabón y la Guinea Española, donde cobró varios centenares de elefantes con una pareja de rifles del 9,3×62 Mauser, junto con un 11,2×72 Schüller. Tuve el honor de ser buen amigo de Otto hasta su muerte, quien me comentaba que a los elefantes les tiraba siempre de costado al corazón con el 9,3×62 y que si tenía que perseguir a alguno herido, entonces utilizable el mucho más potente 11,2×72 Schüller, disparando un proyectil de 401 grains (25,87 gramos) a una velocidad inicial de 2.438 cies (799 metros) y una energía de 5300 libras/pies (733 kilográmetros).  Curiosamente, Otto que fue un gran cazador profesional de elefantes en La Belle Époque, siempre utilizó armas de repetición sistema Mauser.

Quisiera aclarar una cosa y es que, los datos balísticos que cito son los originales, pues a lo largo de los años han aparecido nuevas pólvoras y cargas, lo que pueden dar diferentes datos a los referidos, pero siempre serán mínimos. Nunca tuve un 9,3×62 de mi propiedad, al igual que el 9,3x74R, pero tuve la oportunidad de utilizarlo ampliamente, prestado por amigos y diferentes departamentos de caza, habiendo cobrado con él, entre otros, muchos búfalos, pero siempre tirando de costado y teniendo a  mano mi .416 “por si acaso”. Si no piensan hacer disparates y utilizan el 9,3×62 con sentido común, verán que es un calibre magnífico, a pesar de ser ya un honorable centenario, lo cual es su mayor garantía de efectividad.

Para los aficionados a la recarga manual hay una amplia gama de diferentes proyectiles expansivos, de distintos pesos, además de las balas blindadas. Como nunca he realizado esta actividad y me suministraba las municiones directamente de los armeros, después de diversas experiencias prácticas sobre el terreno, le di mi preferencia a la expansiva denominada TUG, de gran poder mortífero.

 

9,3×64 Brenneke

Sin duda, éste ha sido el rey de los 9,3, con unas condiciones balísticas muy superiores a los demás miembros de la familia. Fue creado por el armero alemán Wilhelm Brenneke, gran experto en este campo de municiones, pero usando el sistema japonés, que consiste en reinventar algo que ya está inventado, pero mejorándolo. Afortunadamente tuve la oportunidad de emplear ampliamente este calibre durante años, lo que me permite dar unas referencias de primera mano, gracias a un magnífico rifle del 9,3×64 que me fabricó especialmente, y siguiendo mis instrucciones, el famoso armero Helmut Dschulnig en Salzburgo, Austria. He de confesar que este rifle fue un capricho de juventud, pues realmente no me hacía falta, a la vista de la cantidad de armas que ya tenía, pero había oído tantas maravillas sobre el 9,3×64 Brenneke que al final caí en la tentación de adquirir uno. La verdad es que nunca lo lamenté, pues me dio unos resultados magníficos,  muy similares al .375 H&H Magnum, pues son casi hermanos balísticamente hablando.

El 9,3×64 Brenneke sin duda ha sido el rey de los 9,3, con unas condiciones balísticas muy superiores a los demás miembros de la familia. Con él he cobrado varios grandes felinos.

Hace muchos años, en Sudán, con mi amigo Angelo Dacey, que fue sin duda el mejor cazador profesional del país y con el cual hacía de vez en cuando cacerías de marfil a medias en gastos y beneficios, utilizamos los dos rifles de este calibre. Le di la prioridad de tiro a Angelo, quedando yo como “escopeta negra” por si ocurría algo imprevisto. De esta forma, cobramos bastantes elefantes, incluso frenando alguna carga, dando tiempo al debido remate y terminando todo felizmente. Estos trofeos nunca me los apunté, por ser Angelo el que tiraba primero, pero sí colaboré todo lo que quise y más.

Con mi rifle cobré exactamente 24 leones sin el más mínimo problema, utilizando siempre el proyectil TUG (torpedo universal geschoss), mucho más mortífero que el popular H-Mantel, con un peso de 293 grains (18,90 gramos) velocidad inicial de 2.660 pies (872 metros) y energía de 4640 libras/pies (641,7 kilográmetros), lo que lo hace muy similar al famoso .375 H&H Magnum. Si este calibre hubiese sido creado por los americanos o los ingleses, se habría convertido en uno de los más populares en el mundo de la caza mayor, pero siendo alemán, nunca alcanzó la fama que le correspondía. Quizás por la falta de publicidad necesaria.

En las antiguas colonias francesas en África era muy apreciado entre los cazadores, profesionales o no, siendo mi amigo Henry Quintar, gran profesional en Ubangui-Chari (presente República Centroafricana) un súper entusiasta del mismo, utilizándolo prácticamente para todo, excepto los elefantes en bosques muy espesos y de poca visibilidad.  Con mi 9,3×64 cobré muchos búfalos, además de los referidos 24 leones, unos cuantos leopardos y varios eland de Derby, aparte de la bicharada habitual.

Hace años pasé tres meses en Australia cazando búfalos acuáticos en el Northern Territory, partiendo desde Darwin. Me llevé el 9,3×64 y 80 municiones, mitad con proyectil blindado y mitad con la expansiva TUG. Un amigo mío, que tenía un rancho de 5.000 kilómetros cuadrados, pues allí las extensiones son tan enormes que se utilizan kilómetros y no hectáreas como en Europa, me pidió que diera unas batidas para eliminar búfalos que se estaban comiendo los pastos mejores donde tenía ganado doméstico. En total cacé 110 búfalos, la mayoría con el 9,3×64, viendo que caían igualmente si tiraba con balas blindadas o expansivas TUG. Cuando se me acabaron las 80 municiones que tenía, fue imposible encontrar un solo cartucho en Australia, terminando el trabajo con un .303 British que me prestaron, muy efectivo también en disparos a la cabeza con balas blindadas, o sea, poniendo la bala en el sitio correcto, que es lo único que mata de verdad, y no las tablas balísticas.

Tony Sánchez-Ariño con un leopardo cobrado con el express 9,3x74R.

Por fin, dejé de utilizar este calibre porque llevé de safari a un cliente-amigo italiano que era fanático del 9,3×64, de los que tenía cinco rifles hechos por diferentes armeros artesanales europeos. En uno de nuestras cacerías se me ocurrió llevar el referido rifle, el cual, al verlo el italiano quedó encantado con él, ofreciendo comprármelo. A lo que me negué. Pero él insistió una y otra vez, mientras yo mantenía mi “no”. Como al fin de cuentas la carne es débil, ya no me pude resistir y se lo vendí, contando además con que yo ya tenía dos rifles del .375 H&H Magnum, fabricado por Holland & Holland en Londres y otro por la firma Mahillon, de Bruselas, dos armas magníficas que siempre me dieron los mejores resultados y con los que no había problema en conseguir munición fácilmente, lo que es muy importante.

En mi modesta opinión, el 9,3×64 sería el arma ideal para cazar en Alaska y Canadá a los grandes osos y enormes alces, con la munición TUG, y provisto de una buena mira telescópica sería perfecto para el resto de las especies, menos en alta montaña, pues su proyectil de 293 grains (18,50 gramos, a la distancia de 200 yardas tiene solo una caída de 2,4 pulgadas (6 cm.) muy fáciles de contrarrestar apuntando a esa distancia un poquito más alto. En África, como arma de todo uso (all around) se puede comparar con el .375 H&H Magnum. Su munición se fabrica actualmente en Alemania por la compañía RWS, con proyectiles diversos, según el tipo de animales que se pretendan cazar.

 

9,3×66 Sako

Éste ha sido el último invento japonés, pues igual que Brenneke, le añadió dos milímetros al casquillo del venerable 9,3×62 para darle mayor cabida de pólvora. La firma finesa Sako realizó lo mismo hace pocos años, añadiendo también otros dos milímetros a la vaina, sin romperse demasiado la cabeza y, realmente, no sé para qué, pues sus datos balísticos no vienen a cubrir ninguna necesidad en el mundo de la caza mayor, ya que, en teoría, es poco más potente que el 9,3×62 y el 9,3 4R, pero bastante inferior al 9,3×64.

Un típico rifle en cal. 9,3×62, como este Emile Kerner.

Personalmente, no tengo la menor experiencia práctica con este nuevo calibre, dicha sea la verdad, y todo se reduce a la lectura de ciertos artículos escritos por expertos sudafricanos, donde todo está basado en los habituales 95% de teoría y un raquítico 5% de experiencia práctica, contando maravillas sobre los resultados que obtuvieron contra un desdichado impala, como si este 9,3×66 Sako fuera el nuevo rayo de la muerte, pasando por alto que esos animalitos se pueden matar fácilmente con cualquier cosa.

No soy quien para hacer juicios, pero mucho me temo, que este nuevo cartucho no alcanzará la popularidad internacional. Quizás en Finlandia para cazar alces y renos, pero en África, a vista del siniestro panorama cinegético actual, no podrán encontrar un mercado floreciente, aparte de la media docena de caprichosos, que siempre los hay.

El 9,3×66 tiene los siguientes datos balísticos: proyectil de 285 grains (18,38 gramos) a una velocidad inicial de 2.560 pies por segundo (839 metros) y energía de 4.147 libras/pies (573 kilográmetros).

Como lo peor que puede hacer una persona es hablar de lo que no sabe, antes de decir alguna incongruencia, terminaré aquí las referencias al 9,3×66, recomendándoles a quienes puedan estar interesados en este calibre que contacten con la firma Sako, quien les dará la información que quieran o a los importadores de armas y municiones en España, como la firma BBI, con lo que espero que quedarán satisfechos y libres de responsabilidades.

 

Tony Sánchez-Ariño

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